¿Existe el derecho al pesimismo?

En estos tiempos en que hemos convertido cualquier cualidad en un derecho, un amigo me preguntó si existe un derecho a ser pesimista, al pesimismo.

Le respondí que mi primera impresión era que no, pero que esperara unos años, por en la forma en que vamos, como expresó Jean Rostand: “Me siento muy optimista sobre el futuro del pesimismo.”

El pesimismo y el optimismo son dos caras de la misma moneda: la actitud ante la vida. Unos la ven tan llena de problemas que no vale la pena luchar. Por el contrario, el optimista siempre está atento a las oportunidades para aprovecharlas.

Winston Churchill afirmaba: “Soy optimista. No parece de mucha utilidad ser cualquier otra cosa” y John Maxuel resume el camino al pesimismo como un error de visión: “Muchas veces las personas que han sufrido situaciones adversas en sus vidas se vuelven amargadas y enojadas. Con el tiempo sus vidas se tornan negativas y manifiestan dureza hacia los demás. Tienen la tendencia de recordar los tiempos difíciles y decir: ‘ese incidente arruinó mi vida’. De lo que no se dan cuenta es que ese incidente reclamaba una decisión de actitud, una respuesta. El haber escogido una actitud equivocada, no la condición, arruinó sus vidas.”

Y ese es el punto. Ninguna batalla se ha ganado desde el punto de vista pesimista que solo ve los obstáculos, no las soluciones.

De mi parte, prefiero ser como Schumpeter, un “pesimista constructivo”, que reconoce los males, pero ve una oportunidad en ellos para crear una nueva sociedad.

Usted tiene derecho a ese pesimismo.

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