Cambiar las elecciones

El tema de la separación de las elecciones siempre fue un anhelo de los reformadores en nuestro país.

El primer experimento de este tipo se desarrolló en el 1968, dos años después de las elecciones de 1966, post guerra civil. Estas elecciones contribuyeron a consolidar el régimen balaguerista al lograr quitar algunas de las sindicaturas ganadas por la oposición.

La idea detrás de las elecciones separadas a mitad de período es, fundamentalmente, evitar el arrastre y dar a la población la oportunidad de juzgar con su voto, el desempeño de la administración. En muchos casos actúa como un voto de censura al Gobierno.

En la reforma constitucional del 2010 se retomó el tema de las elecciones separadas, pero se adoptó un sistema que no resulta satisfactorio porque al estar tan cerca de las elecciones presidenciales, el factor arrastre se torna inevitable y se diluye bastante el efecto voto de censura, porque el mismo se dará, de todas formas, cuatro meses después, aparte de otro gran inconveniente:

- Como se cambiarían autoridades municipales el mes antes de las elecciones, un Gobierno que pierda esas elecciones estaría muy tentado, por medios judiciales, a no entregar esos ayuntamientos en la fecha prevista para no “regalarle” esos empleos y recursos a la oposición. Por el contrario, una oposición que salga debilitada de esas elecciones se tornaría violenta pues tendría que apostarlo todo a una sola jugada, con los riesgos que ello implica para la democracia.

Y ni hablar de su costo, logística y controversia.

Por eso, es recomendable modificar la Constitución para fundir de nuevo las elecciones.

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