20180615 https://www.diariolibre.com

A raíz del despertar moral que han constituido los acontecimientos de los últimos días, estoy recibiendo muchos mensajes de ciudadanos preocupados por el futuro de un sistema político o partidario que ya rebasó todos los cauces de la sensatez y del autocontrol.

Una de esas notas me la envió Dato Pagán hijo, basada en lo que llama “una larga sensación de impotencia”, que es un elemento común en la mayoría de las notas que recibo.

La nota dice así: “La sociedad dominicana continuará degradándose, no solo por las personas que la gobiernan y muchos de los que aspiran a gobernarla, sino también por aquellas que no se involucran para evitarlo. En momentos de crisis moral, corrupción, inequidad social, injusticia, desarticulación institucional, abuso de poder, exacerbada indignación, barbarie y caos, la única reivindicación realmente honorable, es cambiarlo todo. Negociar con gobernantes insaciables, políticos depredadores y negociantes con cartas marcadas, es pretender reformas para que nada cambie. Aunque parezca paradójico, la aspiración más razonable es poner la mano en la rueda de la historia para reconstruirlo todo. La indiferencia es complicidad, la desidia es traicionarse a sí mismo”.

Las crisis morales en el ámbito político o de la gobernabilidad, no se dan en el vacío ni son desencadenadas por un solo hecho. Generalmente son el resultado de un fallo constante en los controles sociales y de una ineficacia permanente de las instituciones. Así, cuando se produce una crisis moral que sacude a una sociedad, desde hace tiempo la gente ha perdido la fe en la Justicia, en la honorabilidad del servicio público, en las iglesias y en la prensa. Las crisis morales se ven venir.

atejada@diariolibre.com

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