Cuba, la ONU y los derechos humanos

La ONU tiene grandes cualidades, entre las que no se destaca siempre el sentido de la oportunidad. Las Relatorías de Trata de Personas y de Esclavitud de la organización alertaron desde 2019 sobre las graves violaciones a los derechos humanos en que incurre la dictadura cubana en las misiones de médicos que envía a otros países. El caso también llegó a la Corte Penal Internacional.

De acuerdo con sus propios reportes, las violaciones en las que incurre la dictadura cubana con sus médicos según la ONU son “las penas de 8 años de prisión contra los trabajadores si deciden cambiar de trabajo o no volver a Cuba, o cómo se les impide ver a los familiares, cómo se les retienen los contratos o se les confisca más del 75% de los ingresos, lo que “no les permite vivir dignamente”, cómo Cuba les hace trabajar más de “64 horas semanales” (160% del máximo autorizado por la OIT), cómo tienen restringida y vigilada la libertad de movimiento y el derecho a la privacidad o las comunicaciones con personas nacionales o extranjeras, o cómo los profesionales reportaron recibir amenazas regulares por parte de funcionarios estatales de Cuba en los países de destino y cómo las mujeres médicas han sufrido acoso sexual”.

La ONU, contradiciéndose a sí misma, acaba de aprobar que en la Comisión de Derechos Humanos se siente Cuba. Inútil presencia. En anteriores periodos en esa Comisión, ese estado solo apoyó 66 de las 205 resoluciones aprobadas en respuesta a graves violaciones de derechos humanos en el mundo.

La ONU se equivoca muchas veces y con Cuba es reincidente. La de Derechos Humanos es la última comisión en la que debería sentarse una dictadura. (Por lógica...).

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