Droga en la barbería

Hay un aspecto de la lucha contra las drogas que llama la atención. Aparentemente, los organismos oficiales tienen censos de lo más exactos de los puntos de venta de drogas y de su ubicación.

Lo lógico es pensar que como es una actividad ilegal, clandestina y peligrosa, los traficantes se cuidan mucho de estar en un listado de la policía. Y también es lógico pensar que si se sabe dónde están, la policía puede ir a cerrarles el puesto.

El “asalto” a la barbería de Villa Vásquez va a tener consecuencias en el tiempo. Esas cámaras son baratas y fáciles de instalar y han demostrado ser una arma infalible contra la extorsión policial, el “peaje” en las carreteras y agresiones de otro tipo.

Una tecnología sencilla, a disposición de los particulares, es infinitamente más efectiva que el escarnio público de retirada de galones, las limpiezas periódicas en las filas policiales o cualquiera de esos operativos que se exponen en los medios.

Ese crimen, poner unos paquetes de droga para extorsionar, amedrentar o detener a alguien es tan destructivo, tan traumático para un joven y su familia, para su imagen en su comunidad y sus expectativas laborales que como bien declaró uno de los afectados... puede dejar a un joven sin futuro. Difícil imaginar una acción más miserable de parte de una autoridad.

Este hecho no va a pasar como otros. Ha marcado un antes y un después. Es el efecto que tienen las redes sociales, la naturalidad con que entraban y actuaban los agentes de la DNCD que ya han sido retirados del servicio. Y la resignación con la que se comportaron sus víctimas.

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