El “golpe de Estado” a Evo Morales

Algunas personas han preguntado por qué en su editorial de ayer este diario catalogó lo ocurrido en Bolivia como un “golpe de Estado”, (del francés coup d’État) que “es la toma del poder político por parte de un grupo, vulnerando las normas legales de sucesión vigentes”.

El concepto comenzó a ser empleado en Francia en el siglo XVII, para referirse a una serie de medidas violentas tomadas por el Rey, sin respetar la legislación ni las normas morales, generalmente para deshacerse de sus enemigos.​ Eran más bien autogolpes.

¿Qué pasó en Bolivia? El gobernante Evo Morales, impedido por la Constitución para continuar en el poder con un nuevo mandato, convocó a un referéndum para legalizar su participación en los comicios, pero lo perdió y no conforme con eso, utilizó al Tribunal Constitucional boliviano que falló a su favor declarando la inconstitucionalidad de la norma que le prohibía presentarse.

Convocadas las elecciones, el Poder Electoral controlado por él, permitió un fraude que, de acuerdo a los observadores de la OEA, “impedían declarar un ganador”.

Las medidas de fuerza contra Evo se suceden ante la ausencia de instituciones capaces de aplicar la Ley. Ante la ausencia de árbitros, la fuerza manda.

La influencia de los Estados Unidos fue más que evidente en todo el proceso y es lo que explica el viraje de las fuerzas armadas que dejó sin apoyo a Evo.

Técnicamente fue un golpe porque no se respetaron “las normas legales de sucesión”, pero Evo violó la propia legitimidad de su régimen insistiendo en presentarse como candidato por encima de las reglas. Como decía el editorial, “un hecho ilegal impidió otro hecho ilegal”.

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