El “hipopartidismo” dominicano

El liderazgo dominicano en la era democrática contemporánea siempre ha tenido una gran vocación para dividirse por medio de la creación de partidos políticos.

Los partidos, se ha dicho, son la característica de la democracia moderna, pues son los únicos, cuando son verdaderos partidos, con capacidad para articular los intereses de la sociedad, presentar candidaturas a posiciones electivas y ofrecer alternativas de gobierno a la sociedad.

En su origen y en la actualidad, los partidos nacen porque representan una ideología, a las fuerzas de una región, teorías económicas y sociales o demandas sentidas de la sociedad. Entre nosotros, aunque sus estructuras se den una pátina ideológica, en realidad se sustentan en el liderazgo de una figura. Al desaparecer esa figura, los partidos entran en decadencia.

Pero en la política dominicana se da un caso interesante: la permanencia de partidos políticos que no tienen una ideología clara, que no representan intereses regionales, que tampoco siguen teorías económicas o sociales y que se aferran a temas que, aunque son importantes, no cuentan con el entusiasmo de la organización que dice sustentarlos.

Sin embargo, ya sea por la omnipresencia de tantos medios de comunicación que buscan llenar espacios, o por el interés personal y económico de los líderes de mostrar una vigencia que no se apoya en votos, estos partidos, a pesar de fracasar en todas las elecciones, vuelven a aparecer con los mismos pecados: venden candidaturas a incautos, o hacen el papel de polizones en barcos partidarios más grandes. Continuará...

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