El laboratorio social del tránsito

Así como exigimos desterrar la corrupción de la vida pública, los dominicanos debiéramos exigir y colaborar para volver a instituir el respeto y las buenas maneras en la vida nacional.

Ningún espacio mejor para ello que el tránsito.

En el tránsito participamos todos: pobres y ricos, peatones y conductores, profesionales y analfabetos, civiles y policías, políticos y votantes. El universo dominicano convive en el fenómeno de la movilidad.

Pero los conductores son arrogantes y los peatones no tienen derechos. Los patanistas se llevan el mundo por delante y los políticos y los choferes de concho no respetan reglas. Los profesionales exhiben una conducta indigna al volante y los agentes de la antigua Amet ni hacen respetar la ley ni respetan el orden de los demás.

El tránsito debiera ser el primer laboratorio social donde la ley fuera igual para todos, desde el generalote hasta el más humilde de los peatones. Donde los semáforos funcionen y el rojo no sea el nuevo verde por obra y gracia de un Amet y donde el que se cruce en rojo reciba el castigo adecuado al delito que acaba de cometer.

El tránsito debe ser el laboratorio de la cortesía social, de las buenas maneras con el peatón y el otro conductor, donde se respete el derecho ajeno y donde el respeto a las normas sea la regla.

El Gobierno que gasta tanto dinero en propaganda (más de mil millones de pesos al año), haría el servicio más importante al país si invirtiera parte de ese dinero en educación ciudadana. Ejemplos hay en todo el mundo de campañas eficientes.

Mientras tanto, pongamos cada uno nuestro grano de arena para que todos podamos vivir mejor.

atejada@diariolibre.com

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