20170913 https://www.diariolibre.com

Aparte del segmento presidencial, donde se manifiesta en mayor grado el peso del dinero en las elecciones es en lo municipal y lo legislativo.

Ambos segmentos funcionan como distritos uninominales (1 alcalde por municipio y un senador por provincia) y plurinominales (varios regidores por municipio y varios diputados por provincia).

Hasta ahora, las fórmulas seguidas implican arrastre o control de la maquinaria partidaria de las candidaturas. En la reforma a la Ley de Partidos se ha propuesto, para vencer estos vicios, establecer el voto preferencial a nivel municipal.

Ya la Junta Central Electoral ha advertido sobre las complicaciones de organizar unas elecciones con esas características en cientos de municipios y distritos municipales y las dificultades y litigios que acarrearía el conteo de los votos en esa modalidad, a ese nivel.

Pero dejarlo como hasta ahora es asegurar que los partidos seguirán controlando y negociando las candidaturas al mejor postor, y que mucho dinero sucio entre por esas vías.

La solución a largo plazo debería ser la conversión de cada regiduría en un distrito uninominal que garantizaría una genuina representación local y serviría para controlar el gasto en las campañas. Así, los votantes de un barrio determinado votarían por candidatos que conocen y no “a la cieguita” como hacen ahora. Limitada la demarcación, nadie podría justificar el gasto de millones de pesos en una candidatura municipal.

Pero los partidos tienen miedo de reformar la Constitución para un cambio de este tipo, porque se pueden colar otros “macos”...

atejada@diariolibre.com

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