El silencio

Echaremos de menos el silencio. Durante estas semanas la quietud ha sido un bálsamo para el alma y los nervios. Vivir sin el estruendo de los motores pasando por la calle, los bocinazos y las bocinas de música impuesta se ha revelado no solo deseable, sino posible.

Y echaremos de menos... las reglas claras. Ahora la campaña mezclada con la pandemia ha conseguido liar las instrucciones (que más o menos bien) seguíamos.

Lo que estamos viviendo ahora no tiene sentido. Las explicaciones son insuficientes, confusas e improvisadas. No está claro en qué fase estamos o qué implica la fase en la que estamos. Excluyendo el fin del toque de queda, que está muy claro... lo demás es un batiburrillo de disposiciones. Oficiales, no oficiales y todo lo contrario.

No se puede abrir un restaurante, por ejemplo, en base a la norma de distanciamiento social... pero se puede salir a caravanear y presumir de “multitudes” arremolinadas alrededor de los candidatos. Habíamos conseguido librarnos de ese componente de campañas tradicionales y ahora, con peligro avisado y confirmado de contagio de una pandemia que puede estar controlada, pero desde luego, no superada... vale todo.

Así no. Hay más impedimentos para la gente que quiere trabajar, dispuesta a mantener las normas que sabemos son las que nos protegen, que para los tumultos organizados desde el Gobierno y de la oposición.

Las elecciones no pueden ser una excusa para la desinformación. Con el mantra del confinamiento están pasando por debajo del radar demasiadas excepciones. La pandemia ha dado la excusa perfecta para la opacidad. Eso vale para la política... y para los negocios.

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