El tiempo en contra

De quince en quince días, no falta tanto para las elecciones. A la oposición le debería preocupar este control absoluto del proceso preelectoral que tiene el Gobierno.

Cada vez que un colectivo habla (artistas, camarógrafos, saloneras...) ahí llega la mano generosa del Gobierno para firmar un cheque. Mientras el tejido empresarial se deteriora, la dádiva directa se robustece.

El dinero... y la información. Nos encierran o desencierran en función de unas estadísticas inciertas por el bajo número de test realizados, pero definitivas en el sentido de que son irrefutables. ¿Podemos llegar a julio con la economía cerrada y abrirse las puertas de los colegios electorales para votar? Sí; si les conviene.

Pero esta situación, que parece hecha a la medida del Gobierno por su control absoluto, con la oposición prácticamente maniatada, puede volverse en su contra.

El estado de desánimo y nerviosismo se palpa. Empresarios medianos que no pueden sacar la carga de Aduanas porque “no se trabaja”, pero a los que la mora y los impuestos se los comerán si no la sacan. Empresarios pequeños que no han podido acceder a los fondos supuestamente destinados a las Pymes pero que ven que sigue fuerte el crédito al consumo en la banca. Emprendedores que han visto naufragar su idea antes de empezar. Miles de trabajadores que intuyen que su puesto de trabajo es un recuerdo. Miedo al futuro, depresión y nerviosismo por el encierro entre quienes lo respetan.

El Gobierno se enfrenta también a una situación muy particular: la desobediencia civil. Los que pueden hacer algo están saliendo a trabajar sencillamente ignorando que está prohibido.

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