El valor del orden

Hace unos años escribí un artículo sobre el valor del orden en las sociedades. Partía de la tesis de que “los individuos se comportan de forma diferente en una situación de orden político que en una de desorden político. Los individuos efectúan elecciones distintas cuando temen por sus familias, su supervivencia, o su riqueza, que cuando no tienen estos temores. La creación de orden es una tarea central para establecer los fundamentos del crecimiento económico a largo plazo. Como demuestra la crisis de Latinoamérica tras la independencia, el orden político no es automático. Del mismo modo que la estabilidad macroeconómica, el orden político es un bien público que debe ser cuidadosamente construido”.

En la construcción de ese orden entran numerosos aspectos pero todos tienen que ver con las recompensas o castigos que los individuos esperan lograr de su comportamiento. En un ambiente de total impunidad, de irrespeto a la ley, a los derechos y a la seguridad jurídica, las recompensas por actuar en el desorden serán mayores que las que recibirán los que se adhieran a la ley. Estos últimos son los “pendejos”, un club numeroso que paga sus impuestos y recibe toda la carga de una sociedad que premia el “éxito” de los mafiosos.

Es lo contrario cuando la ética social es de respeto a la ley y a los contratos, pues los castigos por violar las reglas son mayores que las recompensas. De ahí que “centrarse en la reforma del mercado o de la democracia es insuficiente para... avanzar en la senda del desarrollo”. Se requieren compromisos a largo plazo sobre valores de cohesión social, pues una sociedad que solo mira a ventajas de corto plazo tiene poca esperanza de futuro.

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