El viajero y el turista
El viajero es una especie en extinción engullida sin remordimientos por el turista.
El turismo es una industria, el viaje es descubrimiento. Decía Marcel Proust que para descubrir no hay que buscar nuevos paisajes sino mirar con otros ojos.
El viajero prefiere la soledad, el turista adora el grupo. El viajero mira a su alrededor con libertad, el turista ve la realidad encuadrada en la pantalla de su teléfono cámara. Y se disfruta a sí mismo ocultando lo retratado gracias al palo del selfie.
El viajero no tiene prisa, deambula. El turista galopa. El viajero se funde en la ciudad que visita, el turista es depredador: la despersonaliza. El viajero busca ser sorprendido; el turista adora encontrar lo cotidiano lejos de casa. El viajero no entiende por qué los turistas se disfrazan de turistas para viajar.
El viajero improvisa. El turista necesita la seguridad de la agenda cerrada. El viajero desanda sus pasos para volver a un rincón admirable. El turista lo verá en su casa, “tiene” la fotografía.
El viajero sabe que el viaje cambiará en algo su vida. El turista impone cambios que las ciudades aceptan para atraer más turistas. Los viajeros son siempre jóvenes. Los turistas envejecen antes.
El turista mueve el dinero que las ciudades y los países necesitan para mantenerse y/o prosperar. El turismo es industria y no siempre sostenible. El viajero rebuscará la esencia en lo que quede.
(¿Algo en común? A cualquiera de los dos se le pierde la maleta...)
IAizpun@diariolibre.com
El turismo es industria y no siempre sostenible. El viajero rebuscará la esencia en lo que quede.
Inés Aizpún