20170421 https://www.diariolibre.com

Uno de los temas más controversiales en la reforma de las leyes de partidos y electoral debiera ser el del voto preferencial.

Considerado un paso de avance en el sistema electoral porque permitía la selección más abierta de candidatos y la posibilidad para estos de romper la ley de hierro de las oligarquías partidarias, sin embargo, la experiencia ha probado ser frustratoria en el mejor de los casos, ante la inexistencia de otros controles que aseguren los propósitos que le dieron origen a la iniciativa.

Las principales objeciones al voto preferencial surgen de la falta de control de las finanzas de los candidatos, que permite, en campañas largas y costosas, que obtengan la victoria los que más pueden que, en muchos casos, son los que disfrutan de dinero mal habido.

Por tanto, se impone el control del gasto y de las campañas.

Como una consecuencia de esto, los candidatos que resultan elegidos por este método no son ni siquiera leales a los partidos que los postularon, pues sus objetivos no son lograr el bien común, sino los intereses particulares que defienden. De seguir por este camino tendremos congresos y ayuntamientos llenos de personas que compraron sus puestos para avanzar sus negocios lícitos o no y bloquear iniciativas de avance colectivo.

Se impone entonces cierto control partidario, ya sea imponiendo requisitos de permanencia en los partidos y exámenes de idoneidad personal y ciudadana.

En fin, debe hacerse un debate “a calzón quitao” sobre la forma de organizar el voto preferencial de manera que pueda cumplir con el propósito del legislador y del sistema democrático que no es otro que llevar los mejores hombres y mujeres a las posiciones públicas.

atejada@diariolibre.com

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