En pandemia... anestesia general

El estado de alarma se ha caracterizado por un silencio general de la mayoría de los miembros del Ejecutivo. El Ministro de Salud, encargado de informar y anestesiar con sus datos a la población parecía suficiente.

Pero en esta fase, el tramo final de la gestión del actual Gobierno, poco hemos sabido de los demás. Duquesa, humeante y maloliente ha recaído en el ministro de Obras Públicas como si el de Medio Ambiente no tuviera arte ni parte en la nube que nos ha acompañado por semanas. Al ministro de Educación se le ha oído lo justo y siempre en modo reactivo. Cada colegio o escuela ha tirado como ha podido y los padres han intuido desde el principio que el curso se iba a terminar bien o mal... pero en casa.

Al de Turismo se le ha encontrado en foros más o menos privados, sectoriales, siendo competencia de su cartera uno de los problemas más graves del Covid económico.

Mientras tanto, el reclamo del 30% de los fondos de las AFP se neutralizó obligando a las mismas a comprar deuda pública. Resuelto, no hay para más. Pasemos a otra cosa.

Se han multiplicado las notas de prensa “informando” de lo bien que trabaja la Policía, el Ejército y los ministerios “menores”. Todo de maravilla.

La comunicación ha sido desplegada en una dirección: dónde, cuánto y cómo conseguir los fondos asistenciales. Poco sabemos de qué pasa realmente en cada parcela del Gobierno, todas convenientemente cerradas para seguridad de sus empleados. Peligroso para los demás, en plena transición hacia la salida de un gobierno.

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