Encontramos el propósito
Uno de mis lamentos cuando doy charlas a jóvenes estudiantes es que, a diferencia de las generaciones que sacaron a los Trujillo, que pelearon en la revolución de abril, en las de hoy no se observaba propósito alguno como no fuera el pasarla bien.
Que las nuevas generaciones, mucho mejor formadas, con mucho más recursos económicos, tecnológicos y culturales, parecían vegetar en su comodidad mientras el país se deshilachaba bajo sus pies.
Pues parece que despertaron y que encontraron en el cambio democrático el propósito que andaban buscando casi sin saberlo. Entonces era la libertad. Ahora, una democracia verdadera.
Tuvieron que pasar décadas de mala justicia, de partidos, políticos y gobiernos irresponsables, de elecciones compradas, de mala educación y peor salud, de legisladores que solo pensaban en su beneficio personal, de periodistas y medios vendidos, para que un detonante, grave de por sí, pero que solo era la consecuencia del descalabro total de las instituciones, encendiera la pradera de la indignación.
Hay que deslindar bien, sin embargo, lo que queremos. Se habla de “democracia”, pero un concepto genérico no produce resultados satisfactorios. Hay que ponerle el adjetivo. Lo que queremos es una mejor democracia, es decir, una en la que funcionen las instituciones, que no haya impunidad, que se respete la Constitución y vivamos en orden y que todos seamos iguales ante la ley, pues si todo eso funcionara no habría que llamar a nadie de fuera para que investigara, por ejemplo.
Ojalá que la Plaza sea el referente del esfuerzo permanente requerido para construir una mejor democracia.

Adriano Miguel Tejada
Adriano Miguel Tejada