Ese objeto de deseo

Hay cargos y cargos. Es más... hay cargos que resultan ser cargas. Y hay cargos que son objeto de deseo y por los que muchos pagarían en vez de cobrar.

El puesto de embajador de Brunei en París, por ejemplo, debe ser bastante parecido a tocar el cielo. El de Ministro de Turismo de República Dominicana también entra en la lista de los más codiciados en estas fechas.

El problema es que gobierno tras gobierno se nombra en el cargo a políticos que se enfocan en negocios particulares, toman partido por unos grupos hoteleros frente a otros o aprenden sobre la marcha lo que deberían haber sabido antes de llegar. (Eso... sin nombrar a nadie.)

Pero ahora estamos en estado de emergencia sanitaria, social, económica y turística. El COVID-19 ha puesto contra la pared a un sector del que dependen no solo las divisas y los grandes empresarios hoteleros. También y sobre todo el empleo de miles y la supervivencia de más de 100,000 micro y pequeñas empresas que viven del turismo y del turista.

Este reto no es para un político arribista. Se necesita un conocimiento profundo del sector, inmejorables contactos internacionales, capacidad para rodearse de los mejores... y una piel de elefante para resistir las presiones de los hoteleros (que no siempre están unidos), los agentes inmobiliarios, los compañeros del partido, las bellezas que pululan por el medio, los ambientalistas que se horrorizan de las obras que perpetran algunas cadenas, los sindicatos del transporte turístico y los abogados que extorsionan por el Este con gran empeño. Todo esto a modo de resumen.

No se respondió adecuadamente a la campaña en contra del turismo en 2019 y sin recuperación llegó el COVID-19. Este es un nombramiento urgente y por el que pelean ya varios candidatos... Hay que acertar.

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