Jenny Polanco

A Jenny le interesaban tantas cosas que limitar su trabajo al diseño de modas es un poco atrevido. Fue una mujer (cuesta poner el verbo en pasado) inteligente, decidida, arriesgada, divertida, culta.

Como diseñadora fue la única en su día que además supo entender esa parte del negocio, de la industria, para transcender del cuaderno de dibujo y del sketch a la producción y a la exportación.

No fue fácil, comentaba en una entrevista. Y no, no es fácil exportar desde República Dominicana y menos un producto que tiene tanto de intangible.

Su sello creativo es extraordinario. Consiguió aunar los materiales, las necesidades, lo conveniente para la vida en el trópico con las ideas más modernas. Era una activista de la etiqueta tropical para los hombres, por ejemplo. Le enfadaban esos actos de hombres trajeados con corbata.

Jenny y el arte... no se pueden separar. Los circuitos de la cultura (la moda es cultura, repetía, asombrada de que no todo el mundo le diera esa categoría) contaban con ella. La música, el arte, los museos, la danza, la arquitectura... todo le interesaba porque su visión del mundo respondía a unos cánones creativos en los que todas las disciplinas tenían cabida.

Mujer fuerte, física y mentalmente, también se interesó por la arqueología y conoció muy bien las cuevas y los senderos del Parque del Este. Introdujo diseños taínos en sus accesorios, en sus complementos, haciéndolo de una manera tan elegante que los catapultó al futuro.

Jenny era bella, muy bella. No había tema del que no estuviera al día... e interesada.

Amante de la vida en todas las facetas en las que merece ser vivida.

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