20180607 https://www.diariolibre.com

Preocupa la calidad de la formación universitaria. Las tres universidades privadas más reputadas están viendo bajar su matrícula. ¿Por qué? ¿A dónde van esos alumnos? A universidades de menor prestigio pero más baratas, quizá. O a las que exijan menos requisitos y el “cartón” se consiga con más facilidad... O quizá un título universitario ya no es tan interesante: los jóvenes se quejan de que el mercado laboral no paga el esfuerzo, ni con maestría incluida. O están formándose principalmente las mujeres, que cada año copan las graduaciones y los cuadros de honor. Puede parecer buena noticia, pero lo es solo a medias. ¿Dónde están los varones de 18 a 25 años?

Del otro lado, las empresas aseguran que están dispuestas a pagar más pero que la preparación de los candidatos no es suficiente. Tampoco de los que llegan con maestrías internacionales.

Los alumnos se quejan de la calidad de los profesores y los profesores universitarios protestan los bajos sueldos que reciben. La Academia no cuida a sus mejores maestros, son el eslabón sacrificado de un buen negocio. Pocos profesores pueden dedicarse exclusivamente a la enseñanza, y por lo tanto, a investigar y ser mejor en su especialidad.

Si los profesores no son cada año mejores, cada promoción va saliendo peor preparada. Pero el espejismo de las cifras de “profesionales” empaña la realidad. Se gradúan en todas las áreas con muy baja preparación y pocas competencias.

¿Cuál es la solución? Bajar el nivel no es una buena idea. Es una estafa. Con el esfuerzo de su familia y del propio estudiante, los jóvenes creen poder tener un mejor futuro. La promesa de que la educación asegura el progreso no se está cumpliendo. Perdemos todos.

IAizpun@diariolibre.com

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