La encuesta y la vida
La historia de las dos niñas de Guachupita desaparecidas y encontradas por el Ceccom en Nagua lleva inmediatamente a pensar en la encuesta Enhogar-MiCS 2019 presentada hace unos días.
Son los datos estadísticos, siempre tan fríos, llevados a la vida real. Niños que no viven con sus padres, que pasan su niñez y su adolescencia de hogar en hogar con abuelas, tías, hermanos mayores... sin la atención necesaria o por lo menos debida, desarraigados de su propia existencia. El 46% ha sufrido o sufre violencia física. Si sumamos a ésta la violencia psicológica, se llega al 64%. Luego viene la deserción escolar en secundaria (si han llegado) y vuelta a empezar.
Niños sujetos si no al maltarato físico sí a la violencia estructural que supone la falta de cariño, de cuidado, de guía. No es un dato menor: más de la mitad de los niños dominicanos (un 54%) vive sin uno o con ninguno de sus padres. En 2014 era el 51% el que estaba en esa situación, así que los indicadores hablan de un deterioro. Un 36% vive con su madre, un 5% vive con su padre y un 12% vive sin ninguno de los progenitores.
Las políticas públicas que inciden en la niñez se apoyan en estos estudios para entender por dónde o cómo empezar a buscar una solución. Pero mientras tanto... ¿qué hacemos? ¿Cómo ignoramos esta realidad, hacia dónde miramos para no verla?
Y además hay que insistir en el terrible dato: para el 2019 la tasa de mortalidad neonatal aumentó de 19 a 23 por cada 1,000 nacidos y la tasa de mortalidad de menores de 5 años subió de 30 a 32.
Algo hemos hecho mal...

Inés Aizpún