20180503 https://www.diariolibre.com

Un crecimiento de la economía del 6.4% es ir viento en popa a toda vela. Deberíamos estar todos entusiasmados con el futuro y haciendo planes de expansión. No parece ese el ánimo de los empresarios... pero tampoco el de los empleados.

La discusión pública sobre la creación de empleo que sostuvo el Banco Central con Miguel Ceara Hatton trataba de algo más que de metodología. Hablaba de micro y de macro. O sea, de vidas privadas y de estadísticas importantes. Porque un empleo, aunque tenga sueldo micro, es un alivio existencial macro. Porque es más fácil encontrar un empleo menos micropagado estando empleado, que desde casa. Porque crece el desempleo, por lo menos así se vive desde la clase media. Pero si el país crece tanto y no crecen los empleos... ¿quién crece? ¿El empleo público, la fortuna de los más ricos, las remesas?

¿Cómo puede crecer tanto la economía si no lo hace el número de empleos formales? No encuentran trabajo los jóvenes que salen de la universidad, no encuentran trabajo los que cumplen más de 40 o 45 años y tienen la mala fortuna de ser desvinculados, uno de esos neologismos de departamentos de personal con los que tratan de disfrazar la vida. No encuentran empleo los que no tienen formación pero tampoco los que regresan del extranjero con una maestría y dos o tres idiomas. Y si lo encuentran, no con el sueldo que esperaban tras el esfuerzo.

El empleo, ese es el problema de la vida diaria. No la ley de partidos, ni los acuerdos con China, aunque duela sinceramente que Taiwán cierre su embajada.

El empleo, el sueño de una pensión, la calidad de la educación superior. Tres problemas que nos van a explotar más temprano que tarde...

IAizpun@diariolibre.com

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