20180719 https://www.diariolibre.com

Se cuestiona el parecido... ¿pero no la calidad de la obra o el proceso de adjudicación del encargo? Esa viene a ser la pregunta que en las redes se hacen los artistas de varias generaciones sobre el busto de Duarte en la Plaza de la Bandera. ¿Se convocó a un concurso público? ¿El proceso de adjudicación fue transparente, quiénes fueron los jurados, por qué se eligió este diseño y no otro? ¿Cuánto costó? Y las del Parque Independencia, lleno ahora de figuras de fibra de vidrio, ¿también se adjudicaron a dedo?

Las estatuas son grandes atractivos de muchas ciudades del mundo. Aquí son un problema.

Deténgase un momento a pensar qué escultura de la ciudad mostraría a un visitante. Personalmente le guiaría hasta el Monumento a la Caña, a La fuente de la vida del Parquecito Balaguer, hasta la ciguapa de Johnny Bonnelly del Bulevar de la 27 y a la del Queztal (que estaría mejor en un parque..) Un par de clásicas, semi desnudas y elegantes damas que adornaban el Mirador Sur, se marcharon para ser restauradas y nunca más regresaron a su pedestal. Quizá estén, como la glorieta del viejo parque de Independencia, en un jardín privado. (Leyenda urbana, claro...)

El resto, excepto algún busto tragado por las dimensiones de la avenida en la que está aparcado, son esfuerzos no muy logrados. Que ningún artista se ofenda, se sabe que la escultura no es un arte al alcance de todos. De hecho, en cualquier bienal o concurso pocos son los artistas que se atreven a enfrentarse de tú a tú con el bronce o la piedra, implacables jueces del talento y la técnica.

Cuando no son unos animales verdes extraños cubiertos de hiedra, es una torre Eiffel minimizada, un monumento a la llave en mitad del Malecón cortesía de Corporán, un irreconocible Peña Gómez o Hipólito cabalgando un unicornio.

Esta ciudad no tiene suerte con las esculturas.

IAizpun@diariolibre.com

COMENTARIOS
Para comentar, inicie sesión o regístrese