Le toca ahora el turno a Sergio Ramírez

Todos los dictadores se parecen. Sean del signo que fueren. Adoran la vestimenta y la palabrería militar, por ejemplo, y usan el mismo grandilocuente discurso inflado de palabras importantes y valores henchidos de vacío.

Los de Nicaragua, los más virulentos del continente estos últimos meses, están en plena ofensiva contra la oposición. Le toca el turno ahora a un escritor, Sergio Ramírez, que compartió hace años las siglas sandinistas y que ahora, espantado, se opone a los delirios de los Ortega-Murillo y trata de que su pobre país se libere de semejante desastre.

Se acercan las elecciones del 7 de noviembre y cualquiera que hable en contra de la esperpéntica pareja acaba recluido en su casa, si tiene suerte, o en la cárcel. La palabra de Ramírez, como la de los periodistas que todavía se atreven o pueden hablar... molesta tanto como los intentos de oposición política. En las últimas semanas han sido encarcelados 36: siete precandidatos presidenciales, exguerrilleros sandinistas históricos, banqueros, líderes de la sociedad civil y periodistas.

En Twitter, el escritor y expresidente sandinista recuerda que en 1977 la dictadura de los Somoza le acusó de los mismos delitos que ahora le endilga la dictadura de Ortega.

Las organizaciones supranacionales no les asustan. Que la OEA, la UE o EE.UU. censuren sus acciones y amenacen con “tomar medidas” es algo que a dictadores con experiencia no impresiona mucho. Es muy improbable, además, que se organicen manifestaciones contra ellos en otros países.

Los que los sufren, los sufren solos.

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