Manejando la incertidumbre...

Son tiempos excepcionales. Los días parecen iguales y comparten una aprensión que se acrecenta con la evolución de los contagios por COVID-19.

Son tiempos excepcionales: hay que tomar decisiones valientes y arriesgadas. ¿O por el contrario es el momento de evitarlas y esperar a que pase la tormenta? No está muy claro y para muchos la realidad no deja mucho margen de libertad de decisión.

Crece la ansiedad social. Es ya palpable porque la incertidumbre es algo difícil de manejar. ¿Cómo será el curso escolar? ¿Podré mantener el empleo? ¿Y los negocios de mis hijos?, ¿aguantarán? ¿Estoy cuidando suficientemente a mis padres? ¿Perderé el apartamento si no puedo pagar la hipoteca? ¿Qué hará el nuevo gobierno?

¿Cuándo terminará todo esto?

Parece que por ahora y por mucho que los gurús nos hablen de resiliencia, estamos en un tiempo extremadamente difícil en el que los líderes del mundo parecen más confundidos y nerviosos que nosotros mismos.

Hay que seguir, nos decimos. Hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene. Hay que mirar dónde se pisa, con un ojo en el siguiente paso. Hay que vencer esta pandemia como generaciones anteriores vencieron las suyas, o guerras y muchas calamidades.

Varios países, según el economista Luis Huete, han demostrado que no había que elegir entre salvar la economía o salvar vidas. En Europa, los gobiernos de Noruega, Polonia, Irlanda, Dinamarca e Irlanda han logrado la fórmula de salvar a sus ciudadanos y no hundir la economía. Sus políticos tuvieron visión y sus ciudadanos disciplina.

(Además de buen ojo para elegir a sus gobernantes...)

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