Matar al mensajero

Carmen Danae envió varias fotos de paisajes dominicanos a un concurso de la edición británica de Vogue. Escogieron la imagen de un rincón de Samaná cubierto de basura. Y las redes y algunas instituciones atacaron sin piedad a la fotógrafa, acusándola prácticamente de conspirar contra la soberanía nacional.

El país es un vertedero desparramado. Lo sabemos todos y lo decimos. Y lo repetimos. Lamentamos que los éxitos que se han logrado en programas de manejo de residuos sólidos, de cultura de reciclaje y de disminución del uso indiscriminado de plásticos sean tan débiles.

Las playas, los ríos, las cañadas... son vertederos. Los bordes de las autopistas y de las carreteras. Las montañas y los campos son “basuraleza”. Es una realidad que nos arropa, empobrece y enferma. ¿Realmente el problema es que se sepa fuera de aquí? ¿El culpable es el mensajero, en este caso una fotógrafa?

No, el peligro no es que Vogue publique esa foto. Es que nos empeñamos en ocultar la realidad como si cerrando los ojos la basura desapareciera.

La basura tiene un valor, es un negocio, se repite. Pero aquí se ha entendido demasiadas veces que lo es para el alcalde de turno. Por años se habla de la catástrofe de Duquesa, de los vertederos a cielo abierto en cada pueblo, de la indisciplina de los ciudadanos para sacar la basura separada y a la hora indicada. De lo habituados que estamos a caminar por las calles esquivando restos putrefactos...

Matar al mensajero, hacerle responsable de las malas noticias es no querer entender dónde está el problema o su solución. Pronto llega un gobierno nuevo. Medio Ambiente, Salud Pública, ayuntamientos... deberán sentarse en la misma mesa porque ni la foto ni Vogue son el problema.

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