Migración a la brava

Si algo caracteriza los últimos cien años de la humanidad no es solo el extraordinario progreso tecnológico y la producción de riqueza como nunca antes en la historia, sino dos fenómenos de carácter social y político: la descolonización y las migraciones.

Hay migraciones forzadas por guerras civiles y conflictos armados, como la que está sufriendo Europa en estos días, y hay migraciones para escapar de la situación económica que se vive en ciertos países que prácticamente elimina la esperanza de un futuro promisorio para diferentes núcleos humanos.

Tradicionalmente, las migraciones de este último tipo eran individuales, nunca colectivas. Los más aguerridos de nuestras sociedades, tomaban un barco, una yola o un avión y se marchaban hacia donde las luces brillaban con más intensidad. Así, europeos y caribeños se trasladaron a los Estados Unidos, del mismo modo que españoles venían a América o se iban a Alemania, o chinos se esparcían por toda la tierra.

Sin embargo, nunca había ocurrido un fenómeno como la caravana de migrantes centroamericanos que busca alcanzar la frontera de los Estados Unidos y que ahora solicita ayuda internacional para llegar más rápido y combatir el frío.

¿Tienen los Estados Unidos derecho a impedir la llegada de esos inmigrantes? La respuesta es sí y nos trae al tema de las fronteras nacionales. Ningún Estado puede aceptar, sin ningún motivo humanitario de peso, que se le obligue a aceptar personas sin que cumplan requisitos mínimos para ser aceptadas en ese país. Eso vale para los Estados Unidos y para la República Dominicana.

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