Morir de democracia

En béisbol hay el dicho de que no se puede correr más que la bola. En una palabra, no se puede ir más rápido que lo que autoriza la prudencia.

Esto nos puede estar pasando con la legislación que estamos aprobando en los últimos tiempos en materia electoral y en otros campos.

Un ejemplo: la nueva ley que crea el Colegio de Abogados establece como parte de la “institucionalidad del Colegio”, la prohibición del “proselitismo de carácter político-partidario dentro del Colegio”, cuando todo el mundo sabe que quien no es postulado por un partido no tiene oportunidad de ganar un voto siquiera en esa institución. Legislar así es una burla a la inteligencia de los demás.

Vemos lo mismo en materia electoral. ¿Quién en este país no sabía que cualquier figura que se inventen los partidos, iba a ser pagado con dinero de los contribuyentes? Ahora, ¿quién se beneficia de que el dinero de las primarias salga de los fondos de los partidos (que también es dinero de los contribuyentes)? El partido de gobierno que tiene fondos infinitos y que nadie va a auditar.

Muchas instituciones que estamos tratando de introducir provienen de sistemas con alta institucionalidad, donde se respeta la ley, la justicia es independiente y una opinión pública vigorosa controla los poderes públicos.

Nosotros no tenemos nada de eso. Por tanto, establecer procesos e instituciones que dependen para su eficacia, de esos prerrequisitos, es una burla y botar un dinero que debiera tener un mejor destino.

De mucha democracia también puede morir el hombre.

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