No existe el “derecho” a ser pobre
Ser pobre no es pecado, pero permanecer en la pobreza sin hacer un esfuerzo para superarla, sí lo es.
No tener una política clara para ayudar a los pobres a salir de su estado, puede no ser un pecado, pero utilizar la pobreza para fines políticos creando condiciones para utilizar a los pobres como carne de cañón electoral, es un pecado capital.
Utilizar las leyes de la oferta y la demanda en un mercado repleto de desempleados para no pagar un salario justo a las personas que se emplean, es otro pecado grave que no se justifica en términos económicos y mucho menos humanos.
Antes, cuando la pobreza era “un castigo de Dios” y las iglesias predicaban resignación, era casi imposible salir de ese estado. Solo los más aguerridos e innovadores podían abandonar esa condición.
Posteriormente, cuando hubo mayor acceso a la educación y mejoraron las oportunidades en el país, la meta de nuestros padres era educarnos (siempre en la escuela pública), para que no tuviésemos que vivir las carencias que nuestros progenitores vivieron.
Ahora, con la devaluación del título profesional en favor de los “enllaves” políticos y otro tipo de amarres y “profesiones”, y con el cambio cultural en el que importa “tener más” que “ser más”, entre otras muchas razones, la pobreza ha devenido en estructural aunque con amplios matices diferenciadores.
A nadie se le puede aconsejar que se resigne a ser pobre. Por el contrario, hay que condenar la pobreza porque detrás de ella se ocultan ideologías, atropellos y deshumanidad que hay que desterrar.
Adriano Miguel Tejada
Adriano Miguel Tejada