Parece dicho hoy...

La ineficacia de la moral en la política se ha convertido en regla de conducta universal [...] en todas partes está la política tan divorciada de la moral, que es una prueba de incapacidad política el mostrarse inclinado a ser moral. A excepción, en Europa, de aquellos países en los cuales la adherencia de los grupos sociales es por si sola una fuerza moralizadora, en todas las demás es necesariamente corrompida y corruptora la administración pública. A excepción, en América, de aquellas sociedades fundadas en la tradición jurídica de los anglosajones, y de dos o tres de origen latino que han reaccionado vehementemente contra la desorganización del coloniaje, las restantes son organismos corrompidos.

El Estado unitario es corruptor de nacimiento. Todo Estado unitario en cualquier tiempo, espacio y forma de gobierno, es siempre personal: el Estado es el jefe del Estado. Y como absorbe la iniciativa de los organismos provinciales y municipales, sustituye con la ley de su voluntad la autonomía de esas sociedades; de aquí la desorganización y de ésta, la corrupción. Dispone de la fuerza pública, y con ella corrompe por miedo o por soborno. Dispone de todos los empleos, y con ellos corrompe por soborno o por miedo.

Política sin moral, es indignidad; cualquier juego de azar, siendo tan indigno como es el juego, es más digno que la política divorciada de la moral, porque, al menos, en sus lances repugnantes no aventura más moralidad que la del jugador y sus cómplices. Pero el político inmoral aventura con su ejemplo la moralidad pública y privada de su patria.

Todo lo anterior que parece tan actual, lo escribió Eugenio María de Hostos en su Moral Social, en 1887, en Santo Domingo.

+ Leídas