Parlamentos

Lo ocurrido esta semana en el parlamento británico es excepcional, interesantísimo. La Cámara de los Comunes ha obligado al Gobierno a entregar toda la información legal sobre la negociación del Brexit. El gabinete de Theresa May se negaba a transparentar los expedientes legales, aduciendo que revelar tales informes perjudicaría su estrategia en la recta final de la salida de la Unión Europea.

Pero el parlamento se impuso, dando una lección de democracia a todos los parlamentos del mundo. Los legisladores, además de legislar... tienen el mandato de ejercer un control sobre el Ejecutivo. Esa es la esencia del régimen parlamentario y la dejación de esas facultades de vigilancia constituye la gran trampa de una democracia.

Un Congreso no es una oficina para tramitar el papeleo que necesita el gobierno de turno. Ni siquiera cuando el partido en el poder tiene mayoría en las cámaras. Su función no es la de legitimar “democráticamente”, a mano alzada, todo lo que el gobierno de turno mande. Eso es lo que los Comunes británicos -dando un golpe en la mesa- han recordado al gobierno de su país.

¿Es cuestión de tiempo? El parlamentarismo inglés tiene unos cuantos siglos (con sus lógicas transformaciones y evolución) y es una cultura profundamente arraigada en la política británica.

Las democracias jóvenes no tienen ese poso de solidez institucional... pero eso no constituye una excusa para ignorar su mandato. No hay que ser un anciano para hacer las cosas correctamente. No hay que tener una historia de siglos para entender el concepto de separación de poderes y defender la naturaleza de la institución para la que se ha sido elegido. Quizá sea esa, la dejación de esa función por parte del Congreso, el mayor defecto de la democracia dominicana.

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