Pedro, el PSOE y la Constitución de 1978

Una noticia buena y una mala. La mala: Pedro Sánchez ha decidido abusar de su poder y va a indultar a los políticos catalanes condenados por sedición, malversación de fondos y alguna “pequeñez” más.

La buena: Pedro Sánchez va a indultar a los golpistas catalanes abusando de sus prerrogativas, en contra del dictamen del Tribunal Supremo, de su partido y de los españoles. Es buena noticia porque quizá, solo quizá, se haga así el harakiri político y el PSOE se reorganice, lo mande a su casa y España pueda volver a tener un gobierno encabezado por un político respetuoso de la Constitución de 1978, que es la que rige y juró o prometió defender. (Un gobierno de izquierda, derecha, liberal, conservador, ecologista... lo que los españoles elijan, pero deseablemente con mejor puntería.)

Pedro Sánchez es previsible porque siempre engaña. Temible porque se equivoca muy a menudo. Peligroso porque carece de escrúpulos. Es capaz de desmentirse a sí mismo, engañar a su partido, a sus votantes y a sus aliados. Elige los peores compañeros de viaje: de Podemos a Bildu, de los secesionistas catalanes al gobierno de Maduro. Acierta siempre en el error y tiene el mérito de que intelectuales progresistas como F. Savater voten al PP.

Cuando en Navarra, a pesar de no ser el más votado se alió a Bildu (el partido de los pro etarras, el que organiza homenajes a los asesinos) dejó muy claro que estaba dispuesto a tragarse sus palabras, los principios que defendía su partido y lo que hiciera falta por gobernar. De Bildu al indulto a golpistas no hay que hacer mucho esfuerzo.

(Hay que lograr que el PSOE le jubile).

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