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Presidencialismo

El autor de las Cartas a Evelina afirmaba que “el trópico es el asiento de las tiranías”, quizás pensando en cómo el calor y la vegetación destruyen las fuerzas e impiden la acción fecunda del hombre.

Otros piensan que el Trópico no es tierra de pensadores, porque el calor obliga a salir al descampado a buscar la brisa fresca que alivie las penurias de un sol que parece ensañarse contra las posibilidades del hombre de sentarse a pensar y a crear innovaciones fecundas.

Muchos dicen que al no existir estaciones marcadas, el Trópico desalienta el ahorro, y como todo tiene vida corta, promueve el desenfado y la fiesta permanente.

Todo esto quizás puede explicar por qué es tan sencillo mantener por largo tiempo una tiranía en estas tierras.

No obstante, a diferencia de otras épocas, las tiranías modernas no se fundamentan en la fuerza bruta, en ejércitos de ocupación, sino en otros modos más sutiles pero iguales o más efectivos que los ejércitos.

Se trata de una sumisión en base a mantener unas condiciones sociales y económicas que garanticen la total dependencia de la población de la dádiva oficial. El paternalismo llevado a su máxima expresión, que obliga, para ser eficaz, a una concentración del poder en la figura del Presidente.

Así, los demás poderes se vuelven sellos de goma de lo que diga el Presidente y todo lo que se mueve gira alrededor de ese ser que lo puede todo y que es generoso con el dinero de todos.

¿Estamos condenados? Creo que no, pero ese es otro tema.

atejada@diariolibre.com

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