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Realismo político

Ha llegado la hora del realismo político, lo que de ninguna manera quiere decir aceptar resultados que no sean los que expresó el pueblo el pasado 15 de mayo en las urnas.

Pero en una sociedad democrática, o que aspire a serlo, el realismo tiene su expresión en los mecanismos institucionales que dan forma al Estado de Derecho.

Las votaciones ya tuvieron lugar, y se está procediendo al conteo de los sufragios de la manera que pidieron los partidos: a mano. Cualquier protesta es extemporánea, porque todavía no hay resultados, con excepción de aquellos en los cuales los perdedores han aceptado el veredicto de las urnas.

Todos los candidatos, ganadores y perdedores, saben cuántos votos obtuvieron. Ellos tienen las actas que les suministraron sus delegados. No pueden alegar ignorancia, y quien promueva desórdenes conociendo su situación está cavando su tumba política.

Es evidente que deben defender las posiciones alcanzadas e impedir por los medios legales que las mismas les puedan ser arrebatadas, pero deben hacerlo por los medios que establece la ley.

Queremos entender que los sucesos de ayer son el fruto de la frustración, y no de las carencias democráticas de los candidatos, o de lo que es peor: que los partidos hayan permitido que profesionales del desorden tomen las calles.

Se impone detener los disturbios, y dar la oportunidad para que las instituciones cumplan con su deber. Ninguna protesta es válida antes de su veredicto.

Las autoridades deben actuar con comedimiento, sin abjurar de sus deberes de proteger vidas y bienes.

atejada@diariolibre.com

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