20170320 http://www.diariolibre.com

El hecho de que varios dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana hayan admitido que con el asunto de las obras de Odebrecht en la República Dominicana hubo “juego sucio” y que mucha gente en el poder lo sabía, se puede prestar a dos interpretaciones.

La primera, que existe una genuina preocupación en los estamentos dirigenciales de ese partido por el derrotero que va tomando el asunto y el aparente desgano con que la alta dirección del partido se está tomando un tema de profundas repercusiones sobre el devenir de esa organización y de su control del poder.

La interpretación perversa de las declaraciones afirma que es toda una trama para cargarle el dado a una de las partes que se disputan el control de la organización, para que el otro sector salga indemne del problema.

El tiempo dirá por dónde andará la cosa.

Sin embargo, creo que antes que quemar en la hoguera a los dirigentes que han levantado la bandera, en el partido morado se impone un mea culpa colectivo. La corporación se ha adueñado del partido, y ya sólo se defiende la institucionalidad partidaria en la medida en que represente una ganancia para los socios corporativos.

Es decir, ya el partido perdió su razón de ser como articulador de los intereses de la sociedad y sus propósitos son meramente electorales en la medida en que las elecciones permiten a la nomenklatura partidaria continuar con sus negocios privado-estatales.

De lo que parecen no darse cuenta los actuales dirigentes de ese partido es que la única forma de salvar a esa organización es poniendo a la corporación a un lado, porque el descrédito ya es aceptado por toda la población como verdad inobjetable sin importar lo que diga la Justicia. Es más, cualquier fallo de la Justicia será insuficiente.

Ya no es un asunto de Justicia, sino de política y dejarlo llegar a ese punto ha sido el gran error del actual PLD.

atejada@diariolibre.com

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