Un lazo amarillo

Si siguen la política española, sabrán que hoy (y ayer o mañana) es un día estupendo para poner un lazo amarillo solo por el placer de quitarlo. Sirva el gesto como muestra de solidaridad con todos los catalanes que están siendo agredidos y acosados por los separatistas. (El nacionalismo supremacista es el mismo donde quiera que se exprese.)

Es todavía difícil de entender que una región europea, que se entendía era la más culta y progresista de España, esté luchando contra el populismo más retrógrado y la cerril actitud de los intransigentes. Poco a poco los separatistas catalanes han ido adoptando el fondo, la forma y el discurso de los nacionalismos violentos, como el defendido por la izquierda abertzale. Una pena, terrible losa sobre Cataluña...

Aquí, el Consejo de Residentes Españoles (CRE) órgano de representación de la colonia ante el Consulado español, emitió recientemente un comunicado dando total apoyo al Embajador de España, Alejandro Abellán, en sus gestiones de información ante el grupo de diputados que se había mostrado “receptivo” al mensaje separatista catalán. Una de las estrategias de los separatistas catalanes ha sido la creación de una red de “embajadas” para divulgar su ideario.

Lidia, una mujer que fue violentamente atacada por quitar un lazo amarillo (el símbolo de los políticos presos por el intento de golpe de estado del 1 de octubre) no es la primera agredida, pero varios puñetazos en la cara y la nariz rota la han hecho esta semana protagonista de la triste realidad catalana.

Los separatistas alientan que su violencia política llegue a la calle. “Socializar el dolor” era el lema de los que apoyaron la violencia abertzale. Esto se parece mucho.

IAizpun@diariolibre.com

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