Un mundo más seguro
Los líderes del G7 se han comprometido a trabajar por un mundo más seguro. Continúan, dicen, sus esfuerzos por lograr un desarme nuclear progresivo y no excluyente.
Y sin embargo... leer los periódicos cada día nos remite a un mundo inseguro en el que no son precisamente las bombas nucleares las que nos dan miedo. Aterran los atentados indiscriminados que dos o tres fanáticos son capaces de cometer. Los ejércitos de iluminados decididos a derrumbar los cimientos de la sociedad que creemos la mejor posible, con todos sus defectos.
El terror tiene ahora otra cara, otros métodos, otros fines. Dan miedo los anacrónicos religiosos, los lobos solitarios capaces de asesinar en un colegio o en un centro comercial. Dan más miedo las consecuencias de otras crisis globales, climáticas o económicas.
El miedo a un desastre nuclear suena a miedo de los años de la guerra fría. Hoy no vivimos con esa sensación de holocausto. Son otros los holocaustos, otras las armas que nos amedrentan.
El mundo nunca ha sido un lugar seguro. Una parte de la humanidad ha vivido los últimos 50 años un estado de bienestar que ahora parece tambalearse y que desde luego las tres cuartas partes del mundo no habían todavía alcanzado.
El mundo no es un lugar seguro y creer lo contrario es engañarse. El mundo es un lugar hostil y violento en el que sin embargo pueden encontrarse espacios de belleza y momentos de felicidad.
(Y suerte a los del G7 con el de Corea del Norte...)
IAizpun@diariolibre.com
Inés Aizpún