20170217 http://www.diariolibre.com

Los partidos políticos están aterrados, aunque algunos de sus dirigentes no se den cuenta. Están perdiendo la hegemonía social que mantenían como articuladores de los intereses de la sociedad y su poder de movilización.

Parecen ejércitos formales que no pueden con una pequeña guerrilla y no entienden por qué, si tienen todo el poder y el armamento para hacerlo.

Esta pérdida de poder ha llevado a un cuestionamiento de la democracia como sistema político, cuestionamiento que en el fondo es una profunda desazón sobre el papel que están llamados a jugar en una sociedad cuyas circunstancias han cambiado dramáticamente.

La democracia nace para servir a un puñado de hombres (los ciudadanos que no eran toda la sociedad), de parecida condición económica y social (los desiguales no eran tomados en cuenta), en la cual todos estaban llamados a desempeñar los cargos públicos.

Posteriormente, la democracia admitió que todos los hombres son iguales, y aceptó una enorme cantidad y variedad de ciudadanos que necesitaron ser socializados en el sistema político. Ahí comenzaron las tensiones, porque la democracia nunca fue pensada para todos ni para desiguales. Sobrevivió en aquellas sociedades tan ricas que esas diferencias podían ser cubiertas gracias a la solidaridad social y al poder del Estado.

Aquellas viejas democracias se manejaban con el ágora, las campanas de las iglesias y las concentraciones locales. Nada de eso existe ya. Ahora son los medios electrónicos que nadie sabe quién controla y una opinión pública parcelada en “redes sociales” en las que solo hablo con y creo a, mi igual en ideas y clase social.

Seguiremos con el tema.

atejada@diariolibre.com

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