Vocación de grandeza

Margarita Vidal escribió una vez en el periódico El Tiempo de Colombia, algo que nos sirve como un traje a la medida a los dominicanos.

Decía que, “Álvaro Gómez sostenía que en Colombia no tenemos noción de grandeza. No ya de ‘la grandeur’, por ejemplo, de un De Gaulle. Ni siquiera de la grandeza que deben dar la preocupación y el trabajo en busca del bien común. Y no la tenemos por cositeros y cortoplacistas... Nuestro enanismo mental suple la grandeza con la retórica y la hipérbole y sigue tan campante, construyendo castillos de arena y de naipes...”

Toda una corriente ideológica ha pretendido mantener baja la autoestima de los dominicanos. Tan baja como sea posible.

Desde “el gran pesimismo dominicano” de los siglos XIX y XX, hasta la degradación moral de convertirnos en un pueblo de “pordioseros”, se desarrolló toda una estructura ideológica de corrupción para destruir la dignidad de este pueblo y reducir al dominicano al fango de la ignominia.

Esa baja estima inducida por caudillos y demócratas de nombre, eliminó nuestra noción de grandeza. Se nos quiso convertir en enanos aunque por doquier estaban las pruebas levantándose como puños contra esa pretensión.

Al final han querido reducirnos a un pueblo “donde el pesimismo cotidiano nos ha convertido en enanos para las cosas grandes y en gigantes para las cosas pequeñas”.

Pero este pueblo ha demostrado que tiene vocación de grandeza y ahí están nuestros atletas, nuestros músicos y todos los que sobresalen en las ciencias y en el trabajo. No nos podrán matar el sueño.

atejada@diariolibre.com

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