Y además... tormenta

El PLD apura sus últimas semanas en el poder en medio de una pandemia que no remite, una crisis económica que amenaza con empeorar y una tormenta que desbarata todavía más planes.

A las secuelas médicas, todavía imprevisibles, se añadirá la situación anímica de una población ya cansada por la situación y asustada por sus consecuencias de toda índole. La ilusión por el cambio político no se sostendrá si el gabinete que finalmente se nombre no desprende la confianza necesaria.

Deberá ser un equipo que además de juventud o novedad (conceptos asociados a “cambio”) exude solidez, dominio de sus respectivas áreas, serenidad y credibilidad.

Los nombres que circularon desde el primer momento han ido cayendo en los puestos, así que los rumores de presiones de grupos empresariales, de los partiditos aliados cobrando su puñado de votos y de grupos internos cobran credibilidad. Le tocará al futuro presidente sujetar esas apetencias en unos momentos en que el empleo empieza a ser un bien escaso y por lo tanto codiciado.

Se agradece que la transición sea corta: podría serlo aún más si se plantean para futuros torneos electorales las ventajas de acortar el periodo de traspaso.

Isaías, la tormenta, volverá a tensar la resiliencia de los sistemas de prevención, la realidad de nuestro planeamiento urbano, desnudará las carencias y desde hoy pone a prueba el temple humano en un momento en que está tensado con largueza. Toca pasar la tormenta de la mejor manera posible si finalmente, como se anuncia, cruzará hoy jueves el país.

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