Y ahora... ¿quién podrá defendernos?

La justicia dominicana vive cuestionada. En todas sus facetas: inseguridad jurídica, jueces de dudosa imparcialidad, un tratamiento desigual a pobres y ricos.

Más: deficientes instalaciones físicas, procesos incidentados hasta el aburrimiento, incapacidad de combatir la corrupción, sentencias que se compran...

La lista de “defectos” es interminable y se centra en el lado de las instituciones oficiales.

Pero deberíamos mirar también para el otro lado de la barra. El espectáculo del Colegio de Abogados a puñetazos, sillazos, exabruptos y destrozos es terrible. Y debe asustarnos. ¿En qué manos ponemos nuestros problemas? ¿Quién podrá defendernos de nuestros propios abogados? ¿A qué carácter, formación, inteligencia, aptitud profesional encomendamos nuestros asuntos legales?

La pelea, propia de un saloon del Viejo Oeste, se desató mientras se preparaban las elecciones del Colegio. Y ahí entramos en otro terreno. La utilización por parte de los partidos políticos de los gremios y colegios profesionales ha desvirtuado totalmente la función, necesidad y utilidad de tales instituciones.

Puede ser el de Abogados, el Codia, el Colegio Médico, la ADP... da igual. Los colegios profesionales son extensiones del clientelismo, organizaciones para canalizar influencias, presiones y directrices de los grandes partidos.

¿Algunas excepciones? Claro, siempre habrá iniciativas de contenido profesional. No las suficientes ni en número ni en calidad que respeten la real vocación de estas instituciones.

Los abogados se verán las caras el sábado. Se batirán otra vez en duelo o firmarán un armisticio. Da igual porque el daño ya está hecho. Los abogados que reniegan de la colegiación obligatoria (explícita o no) han ganado el caso.

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