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Amadeus, en la cuesta de los Belliard

Los pesnamientos de Amadeus fueron publicados en un libro

Recuerdo a Radhamés, aquel compañero de estudios en la escuela primaria “Ecuador” con quien compartía, en años cuasi parvularios y preadolescentes, el interés por las lecturas que nos permitían entonces las circunstancias y la edad, y el constituirnos ambos en las “estrellas” de la velada artística de la última hora de los viernes en que los escolares debíamos participar cantando, recitando o narrando algún cuento de camino de los que escuchábamos decir a Toñito, un cuentero del pueblo, o en el propio hogar.

La escuela “Ecuador”, como muchos centros educativos del país, perdió su nombre en 1960 cuando la dictadura fue condenada en la asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) y los países miembros decidieron expulsar a la República Dominicana de su seno. Desde entonces, esa escuela primaria e intermedia lleva el nombre del  educador hostosiano Juan Crisóstomo Estrella.

En aquella hora artística de los viernes, Radhamés se hizo famoso por recitar los versos del poeta boricua Luis Palés Matos, uno de los dioses mayores de la poesía negrista antillana junto a los cubanos Emilio Ballagas y Nicolás Guillén, el también puertorriqueño Luis Lloréns Torres, y el dominicano Manuel del Cabral. Nunca supe donde los había aprendido, pero era su fuerte de cada semana que la muchachada esperaba, sobre todo porque su recitación era cantarina y la hacía con sentido teatral y una dicción perfecta, como aquella “Danza negra” de Palés: “Calabó y bambú / Bambú y calabó./ El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú./ La Gran Cocoroca dice: to-co-tó./ Es el sol de hierro que arde en Tombuctú./ Es la danza negra de Fernando Póo./ El cerdo en el fango gruñe: pru-pru-prú./ El sapo en la charca sueña: cro-cro-cró”. Yo, por mi parte, con menores cualidades que Radhamés, gustaba de contar, memorizadas obviamente, las fábulas cortas de Samaniego que aprendí en un libro que me regaló un viejo amigo de mi casa, fallecido recientemente en Nueva York, Rafael Espinal, que cada año me traía desde el Instituto Politécnico Loyola de San Cristóbal, donde estudiaba, los textos de referencia que les urgían  leer allí y que provenían del sistema educativo franquista. Todavía recuerdo una, con punto y coma, titulada “Congreso de ratones”: Desde el gran Zapirón, el blanco y el rubio, / que después de las aguas del diluvio/ fue padre universal de todo Gato, / ha sido Miauragato/ quien más sangrientamente/ persiguió a la infeliz ratona gente. / Lo cierto es que, obligada/ de su persecución la desdichada, / en Ratópolis tuvo su congreso”. Manuel cantaba con un bellísimo tono de voz una de las canciones del programa infantil de Minucha y Ramón de Luna, y otro condiscípulo de Estancia Nueva, cuyo nombre ya no recuerdo, relataba cuentos de camino como el del “Jinete sin cabeza” o uno que él decía que se llamaba “Historias de mi abuela”, que no se ahora quiénes serían sus autores pero que memorizaba con tan buen sentido del humor que casi siempre le rogábamos todos que repitiera la misma dosis el viernes siguiente.

Radhamés y yo continuábamos afinando el instrumento y solíamos reunirnos en el amplio patio de mi casa materna para escribir “pensamientos”. Muchas veces decidimos hacerlo durante las noches a la luz de una lámpara -los apagones en nuestro país, nacieron para ser eternos- o mirando hacia el cielo en busca de las estrellas, de un lucero que aún veo desde una de las ventanas de mi habitación como si hubiese decidido no abandonarme nunca,  de aquellas tres estrellitas en fila india que llamábamos los tres reyes magos y, por supuesto, en las noches de luna llena que nos eran tan propicias. Nunca guardé esos “pensamientos” que escribíamos entre ambos, imberbes que poetizaban a la cañona sin más luces que las que nos proporcionaba la lámpara de kerosene o los habitantes celestes a quienes observábamos en busca de inspiración y aliento. ¿Qué escribiríamos Radhamés y yo en nuestros cuadernillos, mientras mi madre, mi abuela y una que otra vecina visitante comentaba aquellas “cosas de muchachos”? ¿Nos habían enseñado en las escuelas el valor de los aforismos? No lo sé. Nosotros le llamábamos “pensamientos” y decíamos que íbamos a escribir un libro con esos “pensamientos”, imberbes, zoquetones, que ya no los recuerdo. Radhamés Gómez Gil, como se llamaba, se fue de mi pueblo -creo que era de Bonao-, porque entonces acostumbraban muchos a vivir y estudiar en pueblos diferentes al suyo, ya que era usual que a algún pariente lo trasladasen a ejercer oficios desde la administración pública, conforme la demanda y el interés del gobierno. Tuve otros compañeros de estudios que provenían hasta de Santo Domingo. Cuando concluimos el octavo curso, Radhamés se mudó con su familia y jamás volví a verle. Supe muchos años después que se había graduado de médico y ejercía en su pueblo nativo, y que uno de sus hermanos, Nelson Gómez Gil, se hizo político, creo que del reformismo, y llegó a ser congresista. Su madre, de inolvidable recuerdo, Tomasina Gil, fue una dama que tuvo una activa vida de servicio social y muchas veces pude leer sus actividades y ver su fotografía en los diarios.

He rememorado los “pensamientos” que escribimos Radhamés y yo en aquellos años preadolescentes, al leer los “pensamientos” que ha escrito Amadeus Belliard García, el hijo de Basilio y Martha, en un libro de mocedad que a sus diecisiete años da a conocer, aunque dice haberlos elaborados desde que tenía doce. Y le creo. Amadeus tuvo la suerte de verlos publicado en libro -son otros tiempos- y ha podido así satisfacer un recuerdo del preadolescente que fue, del adolescente que es, que habrán de ver sus hijos -como ahora sus parientes y amigos, y los amigos de sus padres- como un legado de ideas que crecieron en su mentecilla hambrienta de saberes, impresionado por las preocupaciones del mundo que le rodea y ávido de ser fuente donde la inteligencia construye sus deseos, se embelesa en los talentos del que los usa y produce la llamarada de los sentimientos albergados en los fondos del razonamiento. Sencillos como palomas, ligeros como las brisas mañaneras, dóciles a sus letras cautivas que salen a estrenarse en la contienda de la palabra, los aforismos de un hombre en cierne, de un jovencillo con alma y talante de pensador tenaz, saludan a la vida para ser camino de luz y de espera por nuevas cosechas.

Los Belliard constituyen una enorme familia de ancestros ilustres que diversificaron sus haberes en las letras, la educación, el servicio social, las profesiones liberales, el periodismo, la pasión  por la música, el ejercicio patriótico. Se cree que el apellido llegó a Haití con las huestes napoleónicas y desde las tierras de nuestros vecinos se asentó en las comarcas fronterizas, entre Dajabón y Guayubín. El tronco de esa familia en Moca fue Gumersindo Belliard, quien era nativo de Guayubín y parte de la generación de personalidades de gran nivel de mi comarca como el maestro de maestros Salustio Morillo, el educador Ulpiano Córdova,  Ángel Morales, José Dolores Alfonseca y Eleuterio de León, entre otros. De allí vino la estirpe de los Enriquillo Belliard (Quillo), gran odontólogo que dedicó parte de su vida a la fundación de un asilo de ancianos en mi pueblo; Rafael Belliard, médico de fama que ejerciera en Estados Unidos, ya retirado; Ligia Minaya Belliard, escritora, cuya madre llevaba el nombre de Colette, en honor a la novelista y librepensadora francesa; Aurora Tavárez Belliard, la más importante educadora dominicana del siglo XX y quien naciera también en Guayubín; Eugenio Belliard, uno de los patriotas que participó en el Grito de Capotillo y peleó al servicio del célebre general Lucas de Peña, y quien al final de la guerra restauradora no pasó factura y se fue a residir a Guayubín a seguir labrando la tierra; y de ese tronco, pero de la rama dajabonera, el poeta y periodista Bolívar Belliard Sarubi; y, entre otros muchos, el poeta Basilio Belliard, padre de Amadeus, el joven de los “pensamientos” que no está en esta página hoy por sus padres, cálidos amigos, sino por sus propios haberes de pensador temprano y sorprendente. Lo he visto en días recientes en un programa de televisión y he quedado sorprendido de su soltura al hablar, de su coherencia discursiva y de su agilidad mental, sin muletillas. Sus “pensamientos” que me han hecho revivir épocas mías tan entrañables, son apenas la muestra inicial de una labranza que se anuncia ya como promisoria.

LIBROS
  • Expandir imagen
    Amadeus Belliard García, Editora Búho, 2022, 55 págs. Frases, aforismos y sentencias escritos por este joven autor en servilletas, hojas, cuadernos y hasta en el celular, entre los 12 y los 16 años de edad.
    ERMITAÑO DE LA MONTAÑA | PENSAMIENTOS

    Amadeus Belliard García, Editora Búho, 2022, 55 págs. Frases, aforismos y sentencias escritos por este joven autor en servilletas, hojas, cuadernos y hasta en el celular, entre los 12 y los 16 años de edad.

  • Expandir imagen
    Basilio Belliard, Editora Universitaria, 2016, 152 págs. Máximas, sentencias y aforismos escritos por el poeta, padre de Amadeus, inspirador y formador de la mente radiante y poética de su hijo.
    ESCRITO EN EL VACÍO

    Basilio Belliard, Editora Universitaria, 2016, 152 págs. Máximas, sentencias y aforismos escritos por el poeta, padre de Amadeus, inspirador y formador de la mente radiante y poética de su hijo.

  • Expandir imagen
    León David, Alfa & Omega, 1986, 113 págs. Aforismos de este admirado pensador, tal vez el primer escritor dominicano en publicar en libro este tipo de pauta poética, célebres por su perfección.
    HUELLAS SOBRE LA ARENA

    León David, Alfa & Omega, 1986, 113 págs. Aforismos de este admirado pensador, tal vez el primer escritor dominicano en publicar en libro este tipo de pauta poética, célebres por su perfección.

  • Expandir imagen
    José Mármol, Editora Búho, 2007, 55 págs. Aforismos y fragmentos de nuestro laureado poeta, cuya práctica aforística es lumbre y pensar del diálogo incesante con el poema.
    MARAVILLA Y FUROR

    José Mármol, Editora Búho, 2007, 55 págs. Aforismos y fragmentos de nuestro laureado poeta, cuya práctica aforística es lumbre y pensar del diálogo incesante con el poema.

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    Frank Féliz, s.p.i – 155 págs. Presentado por Cándido Gerón, el autor publicó este libro cuando tenía 15 años de edad. No sabemos qué edad tiene hoy y si se mantuvo en el quehacer de la escritura.
    POEMAS DE ADOLESCENTES

    Frank Féliz, s.p.i – 155 págs. Presentado por Cándido Gerón, el autor publicó este libro cuando tenía 15 años de edad. No sabemos qué edad tiene hoy y si se mantuvo en el quehacer de la escritura.

TEMAS -

José Rafael Lantigua, escritor, con más de veinte libros publicados. Fundador de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. De 2004 a 2012 fue ministro de Cultura.