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Itinerario de la guerra restauradora

Para 1861 se rumoraba que Pedro Santana solicitaría la anexión a España

Cuando se iniciaba el año de 1861, circulaban rumores de que el general Pedro Santana solicitaría formalmente la anexión de la República Dominicana a la corona española. El padre Fernando Arturo de Meriño, entonces gobernador eclesiástico, se entera de que los rumores tienen rasgos de certeza y acude presuroso a la residencia de Santana para tratar de persuadirlo de ese propósito y reflexionar con él sobre las consecuencias que acarrearía a una nación imberbe que hacía apenas 17 años había proclamado su independencia de Haití, que el hatero y diestro militar seibano había defendido en los campos de batalla.

Casi al mismo tiempo, el héroe y futuro patricio Francisco del Rosario Sánchez, quien estaba exiliado en Saint Thomas, enterado de lo que sucede, denuncia públicamente la trama anexionista. Santana declara a Sánchez traidor a la patria, a la vez que convoca a Santo Domingo a los generales, políticos e intelectuales que les son leales, y los seduce para que apoyen la empresa que iba a emprender.

Aunque hoy pueda parecer extraño, Sánchez, que deseaba impedir el naufragio de la nación cuya bandera había enarbolado en la Puerta del Conde la noche del 27 de febrero de 1844, busca ayuda en Haití, debido a que las autoridades haitianas, con su presidente Fabré Geffrard al mando, no deseaban que la parte este de la isla pasara a manos de una nación europea porque podría poner en peligro su independencia.

La Junta Revolucionaria de Curazao, probablemente a instancias de Sánchez, denuncia el plan anexionista, al tiempo que el general Santana apresa a Mella, el primer detenido de este proceso.

En el Tedeum que se oficia en la Catedral, con motivo del 17º aniversario de la Independencia, el todavía vicario Fernando Arturo de Meriño pronuncia un sermón donde ensalza el patriotismo como la primera de las virtudes cívicas y condena el egoísmo como la peor de las malas pasiones. Obviamente, se dirigía a Santana. En esa misma fecha, se produce en Baní una manifestación en defensa de la Independencia Nacional, respaldada por el comandante de armas Wenceslao Guerrero.

Santana continúa, mientras tanto, sus negociaciones con los emisarios españoles llegados desde Madrid, haciéndoles ver que la mayoría de los dominicanos le respaldaban en ese propósito. Muy pronto, el tiempo diría lo contrario.

Así como en El Seibo se produjo la declaración de Independencia primero que en La Puerta de la Misericordia, en esta ocasión la anexión a España también se declara primero en Hato Mayor, el 12 de marzo, siete días antes de la proclama oficial, a cargo del hijo del general Santana, el coronel Manuel Santana, que era el gobernador provincial de El Seibo, y  quien logró reunir a 900 personas en la iglesia para hacerles el anuncio.

El 17 de marzo se reproduce la proclama anexionista, antes que Santo Domingo, realizada por sus respectivos comandantes de armas: en Baní (Manuel de Regla Mota), Bayaguana (Pedro Nolasco) y Monte Plata (Antonio Lluberes). El mismo día de la Anexión lo harían San Cristóbal (Modesto Díaz), San José de los Llanos (Bernabé Sandoval), Azua (Francisco Sosa), El Seibo (Eugenio Miches), Cevicos (Pedro Soto), San Antonio de Guerra (Domingo Lazala), Barahona (Ángel Félix), Higüey (Deogracia Linares). A partir del 20 se asociarían a la anexión los comandantes de armas de Samaná (Pascual Ferrer), San Pedro de Macorís (Florencio Soler), San José de Ocoa (Juan Cheri Victoria), Neyba (Lorenzo de Sena), San Juan de la Maguana (Eusebio Puello). La romería anexionista continuaría el 21 en Yamasá (Eusebio Manzueta), Sabana de la Mar (Cosme de la Cruz). Continúan, el 23, La Vega (Juan Álvarez Cartagena), Moca (Bernardo Reyes), San Francisco de Macorís (Juan Esteban Ariza). El 24 sigue la fiesta con Jarabacoa (José Durán), Bonao (Manuel Álvarez), Cotuí (José Valverde), Altamira (Eusebio Álvarez) y Santiago de los Caballeros (Santiago Pichardo). El 25 se pronuncian Montecristi (Pedro Ezequiel Guerrero), Sabaneta (Antonio Batista), Guayubín (Fernando Valerio). Y la última población en proclamarse a favor de la anexión fue, el 26, Puerto Plata (Gregorio de Lora).  Obsérvese que la mayoría de los generales y coroneles anexionistas habían defendido la Independencia en los campos de batalla donde se convirtieron en auténticos héroes de aquella jornada. ¡Ah, la historia y sus recovecos infames!

En la víspera de la anexión, Santana hace llamar a su despacho al padre Meriño, recordando que poco más de un mes antes éste había ido a verle para disuadirlo sobre el plan. Santana le ordena llamar a sus sacerdotes para que respalden en sus templos la anexión que ya se avecinaba. En un ambiente frío y hostil entre ambas personalidades, Santana acompaña hasta la puerta del palacio a Meriño y, en lo que pareció un vulgar chantaje dado su temple bárbaro, le dijo: “Piénselo bien, padrecito”. Meriño, valientemente, le respondió “Ya lo he pensado bien general”. Y partió raudo del lugar.

El 18 de marzo de 1861, a las 8 de la mañana, frente a las fuerzas militares, parte del clero asustadizo, ministros, jueces y senadores, y los ciudadanos convocados el día anterior mediante proclamas impresas distribuidas en toda la capital, teniendo a su lado a sus leales Manuel Joaquín Delmonte, general Pedro Valverde y general José María Pérez, el general Pedro Santana anuncia la anexión de la patria dominicana a España, mientras la bandera española era izada en la Torre del Homenaje (Fortaleza Ozama) y saludada con 101 cañonazos.  Al mismo tiempo, se izaba la misma en la Puerta del Conde, escenario central de la proclama independentista.

La bandera dominicana ideada por los trinitarios permanece al lado de la de España hasta la caída del sol, cuando fue bajada de su asta con una nueva salva de 101 cañonazos. Falso honor a la insignia de la patria libre y soberana hasta ese día.

Cuando se proclamó la anexión en Santiago de los Caballeros, en la fortaleza San Luis, los patriotas santiagueros no asistieron a ese acto. Y el soldado encargado de bajar la bandera dominicana sólo lo hizo hasta la mitad del palo. Una voz servil y santanista reclamó que se bajase rápido y que si el soldado no deseaba completar su trabajo que lo dijese. Era una sentencia de muerte. Hubo de bajarla definitivamente y de izar el pendón español.

San Francisco de Macorís fue la primera ciudad en realizar una protesta armada contra la anexión, el 23 de marzo. Gritaron ¡Abajo España! y le cayeron a tiros a la bandera española. Empero, el intento fracasó de inmediato porque el comandante de armas Juan Esteban Ariza disparó un cañonazo a los pocos patriotas amotinados, que huyeron del lugar despavoridos.

Para inicios de abril, ya se estaba conjurando y existían aprestos de insubordinación anti anexionista, en Santiago de los Caballeros, Sabaneta, Montecristi, Dajabón, Guayubín y Esperanza. El gobernador José Antonio Hungría, de Santiago, pedía ahogar esas intentonas, pero algunos generales santanistas llegaron a decir que esas eran “pendejadas”. Por otro lado, Ramón Matías Mella que había logrado salir de la cárcel, estaba en Haití apurando la conspiración, junto al presidente Geffrard y los coroneles Pepillo Salcedo, Eugenio Perdomo, Segundo Imbert, Juan Antonio Polanco y Norberto Torres. El presidente haitiano ofreció 500 mil hombres para que penetraran al territorio dominicano, se establecieran en Loma de Cabrera (llamada Loma de David entonces) y respaldaran el movimiento restaurador. Los dominicanos, a unanimidad rechazaron la oferta y algunos dijeron a viva voz que “antes que haitianos, mejor los yanquis”.

El 5 de abril llegan a Santo Domingo las primeras tropas españolas de infantería y artillería -3,000 soldados aproximadamente-,  procedentes de Cuba y Puerto Rico, colonias de España en ese momento. “¡Ya cantó mi gallo!”, aseguran que dijo Pedro Santana cuando vio llegar al primer batallón. En ese instante, Ramón Matías Mella se reunía en la frontera norte con los generales Santiago Rodríguez y Lucas de Peña a fin de iniciar “a todo trance” la lucha armada para defender a sangre y fuego la patria dominicana.

En la noche del 2 de mayo, cuarenta y cinco días después de proclamada la anexión un grupo capitaneado por el coronel de caballería José Contreras, nativo de Guayubín, proclama la restauración de la República en Moca, se apodera del cuartel militar y en la refriega armada muere el teniente Francisco Capellán y uno de los que asaltaron el cuartel, José Rodríguez. Llegó al lugar de los hechos el temible general Suero, logrando terminar el motín que “tenía por objeto sublevar el país en masa contra la obra de Santana”. Fue la primera acción armada formal y planificada para iniciar la guerra restauradora. Aunque se fracasara en el intento, los sucesos posteriores demostraron que la semilla de la insurrección germinó a partir de aquella gesta mocana.

[El presente Itinerario ha sido elaborado en base a las anotaciones históricas de José Gabriel García, Manuel González Tablas, Pedro M. Archambault, Manuel Ubaldo Gómez, Andrés López Morillo, José de la Gándara, Casimiro Nemesio de Moya, Emilio Rodríguez Demorizi y Ramiro Matos González, este último fuente primaria de estas informaciones. Continuará el próximo viernes 19].

LIBROS
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    Ramiro Matos G. Ministerio de Defensa, 2021 739 págs. Monumental obra, de fundamental utilidad, para conocer, paso a paso, todo el proceso de la Anexión a España y la guerra de la restauración.
    CRONOLOGÍA MILITAR DE LA RESTAURACIÓN

    Ramiro Matos G. Ministerio de Defensa, 2021 739 págs. Monumental obra, de fundamental utilidad, para conocer, paso a paso, todo el proceso de la Anexión a España y la guerra de la restauración.

  • Expandir imagen
    Pedro M. Archambault Sociedad de Bibliófilos, 1983 330 págs. Historiador y periodista de Santiago de los Caballeros, hijo de padre francés, autor de este libro publicado en primera edición en París en 1938.
    HISTORIA DE LA RESTAURACIÓN

    Pedro M. Archambault Sociedad de Bibliófilos, 1983 330 págs. Historiador y periodista de Santiago de los Caballeros, hijo de padre francés, autor de este libro publicado en primera edición en París en 1938.

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    Manuel Ubaldo Gómez Sociedad de Bibliófilos, 1983 417 págs. Este libro, del historiador vegano, fue por muchos años el texto de historia dominicano por excelencia.
    RESUMEN DE LA HISTORIA DE SANTO DOMINGO

    Manuel Ubaldo Gómez Sociedad de Bibliófilos, 1983 417 págs. Este libro, del historiador vegano, fue por muchos años el texto de historia dominicano por excelencia.

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    Adriano López Morillo Sociedad de Bibliófilos, 1983 Tres tomos: 851 págs. Esencial documento escrito por este oficial militar de la corona española en Cuba, desde donde vino a Santo Domingo al proclamarse la Anexión.
    MEMORIAS SOBRE LA SEGUNDA REINCORPORACIÓN DE SANTO DOMINGO A ESPAÑA

    Adriano López Morillo Sociedad de Bibliófilos, 1983 Tres tomos: 851 págs. Esencial documento escrito por este oficial militar de la corona española en Cuba, desde donde vino a Santo Domingo al proclamarse la Anexión.

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    Fernando Pérez Memén Ediciones de Cultura, 2008 154 págs. Bajo el subtítulo “Ideas, mentalidades e instituciones”, este libro del reconocido historiador petromacorisano, recoge sus evaluaciones sobre el proceso restaurador.
    ANEXIÓN Y RESTAURACIÓN DE LA REPÚBLICA

    Fernando Pérez Memén Ediciones de Cultura, 2008 154 págs. Bajo el subtítulo “Ideas, mentalidades e instituciones”, este libro del reconocido historiador petromacorisano, recoge sus evaluaciones sobre el proceso restaurador.

TEMAS -

José Rafael Lantigua, escritor, con más de veinte libros publicados. Fundador de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. De 2004 a 2012 fue ministro de Cultura.