Duarte y la anexión a España (I)
El sacrificio de la familia Duarte y el camino a la restauración
En la trayectoria pública de Juan Pablo Duarte se advierte un paréntesis de doce años del cual se tienen escasas noticias. En efecto, a partir de 1848 la familia Duarte-Diez, entonces en el destierro y establecida en Caracas, no tuvo noticias acerca del paradero de su ilustre pariente.
El historiador José Gabriel García, en Rasgos biográficos de dominicanos célebres (1875), consignó que, durante el referido período, Duarte se dedicó al comercio en las costas orientales de Venezuela y luego, tras internarse "por el Orinoco y por el río Negro, llegó a los confines del Brasil, donde se perdieron las huellas de su itinerario hasta para los miembros de su propia familia, que ignorando por completo su paradero llegaron a tenerlo por muerto y a renunciar a la esperanza de poseer sus restos".
Afortunadamente, en 1859 se restableció la comunicación epistolar entre Juan Pablo y su familia, hasta que en 1862 recibió la infausta noticia sobre la anexión a España. Rosa Duarte, en su Diario, se refiere a la reacción de su hermano tan pronto se enteró de lo sucedido en su país.
El 10 de abril de 1862, Duarte escribió: "Recibo cartas de mi familia que estaba en Caracas y recibo la funestísima noticia de la entrega de Santo Domingo a España y del fusilamiento de mi nunca bien sentido amigo Francisco del Rosario Sánchez y demás compañeros."
Así que, una vez enterado de que Santo Domingo ya no era independiente y había devenido en provincia ultramarina de España, Duarte decidió regresar a Caracas para, desde allí, en su condición de Decano de los Fundadores de la República y Primer General en Jefe de sus Ejércitos, organizar una expedición con el fin de contribuir a la lucha por la restauración de la República de Febrero.
Como en los tiempos previos a la independencia de 1844, Duarte intentó obtener el respaldo económico necesario para costear la expedición, así como contactar compatriotas dispuestos a participar en un levantamiento armado para combatir la anexión a España.
Es fama que cuando el encargado de negocios de España en Caracas se enteró de las gestiones en contra de la dominación española, notificó a Madrid sobre los planes que urdía Duarte. Al cabo de poco tiempo, por conducto de ese agente comercial, se le propuso al patricio que, a cambio de su apoyo a la anexión a España, Santo Domingo sería próspero y feliz; y que incluso el propio Duarte sería designado Capitán General de Santo Domingo.
Pero Duarte no se dejó seducir con oferta tan proditoria, que por demás reñía con sus principios morales y doctrinales. Le dolía sobremanera el sufrimiento de su pueblo, y mucho más dolorosa le resultaba la pérdida de la independencia nacional, "tan cara a mi corazón" -como él mismo confesó. En consecuencia, juró una vez más "coadyuvar con todos mis esfuerzos a la redención de la Patria".
Decidido, pues, a luchar contra la anexión a España, Juan Pablo Duarte escribió un himno llamando a sus compatriotas a la guerra: "Quisqueyanos, sonó ya la hora/ De vengar tantos siglos de ultraje,/ Y el que a Dios y a su patria desdora/ Que en oprobio y baldón se amortaje./ No más cruz que la cruz quisqueyana/ Que da honor y placer el llevarla;/ Pero el vil que prefiera la hispana/ Que se vaya al sepulcro a ostentarla."

Juan Daniel Balcácer