Nostalgia rockera
Música que nos persigue a todo dar, al tiempo que Maduro tiene que enfrentar cargos en la justicia americana

Con Coldplay sonando de fondo, X no piensa únicamente en cifras económicas. También le preocupan las decisiones políticas. Está convencida de que lo ocurrido en Venezuela tendrá repercusiones, aunque otros insistan en lo contrario. "Aquí no pasará nada", repiten. Sostienen que no habrá consecuencias económicas inmediatas.
X sabe, sin embargo, que su interés por la geopolítica no es reciente. Se ha formado a lo largo de los años, alimentado por lecturas que todavía ordenan su manera de pensar el mundo. El primer título que menciona es el de Zbigniew Brzezinski. Recuerda con claridad el impacto que ese libro tuvo en su comprensión de las variables fundamentales del poder global. Mucho antes, cuando intentaba descifrar los movimientos de la economía estadounidense, leyó un volumen que entonces circulaba casi como un texto incómodo: La era de la turbulencia, de Alan Greenspan. En esas páginas —se lo he dicho más de una vez— se explican muchas de las decisiones, y también las vacilaciones, de su etapa al frente de la Reserva Federal. Debo decirlo: es una de las cabezas mejor amuebladas que he escuchado en toda mi vida.
Recuerdo ahora —y nunca se lo he contado a X— que el día en que Greenspan compareció ante el Congreso para explicar su papel en la burbuja inmobiliaria, yo escuchaba un concierto de rock. Como intuyeron los griegos, hay una música para cada momento histórico.
Hace poco, como una curiosidad propia de estos tiempos, me llegó por Instagram una foto de Nicolás Maduro tocando en una banda de rock. No he podido confirmar si tuvo alguna relación real con la música antes de dedicarse a la política. En Argentina, a Javier Milei le preguntaron en una entrevista cuál era su banda favorita —Los Redondos o Soda Stereo— y respondió, de forma ya célebre, que los Rolling Stones. A Charly García, figura central del rock argentino, le preguntaron una vez cuál era la mejor canción de la historia. Respondió sin dudar: Imagine, de John Lennon.
Para dejar las cosas claras, le digo a X que hoy mi banda favorita es Empire of the Sun, el proyecto de Luke Steele. Antes, por recomendación del español dominicano Luis Fernández, me refugié durante años en The Cure, la banda de Robert Smith. La política internacional también tiene su banda sonora: una música que acompaña las decisiones, los errores y, con el tiempo, sus consecuencias. Todo el mundo espera que Venezuela marche por buen camino.
Un escritor inglés —quizá Dickens, quizá otro de esa estirpe— dijo alguna vez que prefería esa old England teórica de la historia a cualquier otra cosa. Lo que intento explicarle a X es que el orden internacional no surge de abstracciones, sino de elecciones concretas; elecciones que, dentro de medio siglo, estarán fijadas en los libros. Como advertía Edward Luttwak, la lucidez estratégica consiste muchas veces en reconocer lo que no debe hacerse, tanto en el plano táctico como en el estratégico.
Con sus acordes ya clásicos, el rock nos acompaña desde hace décadas. Led Zeppelin, Pink Floyd y Queen siguen siendo referencias inevitables, incluso en las discusiones que hoy se libran en las redes sociales. Lo ocurrido en Venezuela terminará por interpretarse según las variables centrales de la geopolítica, mientras algunos ya organizan su pensamiento alrededor del petróleo y de las oportunidades de negocio.
Con una soda casi congelada en la mano, le digo a X que algún día deberíamos hablar de Guyana. Desde el descubrimiento de petróleo, ese pequeño país vecino de Venezuela ha crecido a un ritmo inédito. Las cifras son elocuentes: tasas cercanas al 10 % anual y expectativas aún mayores, una bonanza que podría alterar silenciosamente los equilibrios de la región.
Le recuerdo a X que Robert Smith ocupa un lugar fijo en nuestra lista musical. Ella acepta, siempre y cuando también suene Iron Maiden. Asiento: es un rock más pesado. Difícil imaginar, en cualquier caso, que la música figure entre los castigos que la historia reserve para los protagonistas de esta etapa.
Por ahora, lector, este es tu turno. Opinar dentro de tu círculo de influencia, como recomendaba Stephen Covey. Lo que ocurre en todas partes será motivo de análisis, porque se trata de tomar una postura: afinar el oído, encontrar el tono y ser testigos de una historia que suena en no lejanas partituras.

León de Moya