Duarte y la anexión a España (y II)
La última reunión entre Duarte y un convaleciente Mella
Pocos estudiosos del pasado dominicano han reparado en el hecho de que los Padres Fundadores de la República no solo fueron los principales exponentes del proyecto independentista de 1844, sino que también, a lo largo de su trayectoria pública, fueron consistentes con la doctrina liberal que constituyó el fundamento ideológico del partido trinitario.
En el transcurso de las dos grandes gestas patrióticas del siglo XIX dominicano, la Independencia y la Restauración, Duarte, Sánchez y Mella fueron firmes defensores del derecho del pueblo dominicano a vivir en libertad.
De esos tres héroes, Sánchez fue el primero en rebelarse contra la anexión al punto de que ofrendó su vida en el intento de impedir que se consumara el derrumbe de la República. Poco después, Duarte, en el exilio desde 1844, decidió regresar a su tierra natal para incorporarse a la guerra restauradora; y lo propio hizo Mella, que también estaba exiliado.
Durante poco más de año y medio, Duarte realizó ingentes esfuerzos en Caracas para conseguir armas y recursos para la causa restauradora. Pero no resultó fácil acometer exitosamente sus propósitos. La sociedad venezolana padecía de agudas crisis políticas y luchas internas, lo que impidió que el patricio recibiera el apoyo necesario.
Con los escasos recursos que logró reunir ($1,000 pesos del gobierno venezolano, algunas contribuciones personales y el producto de la venta de una casa propiedad de la familia Duarte-Diez en Caracas), Duarte se trasladó a la isla de Santo Domingo, acompañado por su tío Mariano Diez, su hermano Vicente Celestino, el joven poeta Manuel Rodríguez Objío y el comandante venezolano Candelario Oquendo.
Los revolucionarios zarparon desde Caracas en febrero y, tras experimentar no pocas vicisitudes y ser objeto de persecución por un vapor español, el 18 de marzo arribaron a Cabo Haitiano, desde donde continuaron en bote hacia Montecristi. Allí los recibió el general Benito Monción, uno de los próceres del Grito de Capotillo.
Ya en territorio dominicano, Duarte se dirigió a Santiago, sede del Gobierno restaurador, pero antes se detuvo en Guayubín, donde se reunió con Mella, quien se encontraba muy enfermo, aquejado de una disentería crónica que al cabo le arrebató la vida.
El 28 de marzo de 1864, el patricio se dirigió por escrito al Gobierno restaurador informándole de su disposición "para correr con vosotros, del modo que tengáis a bien, todos los azares y vicisitudes que Dios tenga aun reservados a la grande obra de la Restauración Dominicana..."
Se trata de una de las epístolas que mejor revela el pensamiento nacionalista del patricio, y la gallarda manera como se comportó frente a la anexión a España:
"Arrojado de mi suelo natal por ese bando parricida que empezando por proscribir a perpetuidad a los fundadores de la República ha concluido por vender al extranjero la Patria, cuya independencia jurara defender a todo trance; he arrostrado durante veinte años la vida nómada del proscrito, sin que la Providencia tuviese a bien realizar la esperanza, que siempre se albergó en mi alma, de volver un día al seno de mis conciudadanos y consagrar a la defensa de sus derechos políticos cuanto aun me restase de fuerza y vida."
El Gobierno restaurador, en cambio, juzgó más conveniente utilizar los servicios del patricio en Venezuela y le encomendó una importante misión diplomática. Aunque no era su deseo, de nuevo Duarte salió del país para no regresar nunca más.

Juan Daniel Balcácer