Las negociaciones de Sánchez y Geffrard en 1861
Geffrard, Sánchez y la frágil tregua entre dos naciones en conflicto
En enero de 1859 tuvo lugar en Haití un golpe de Estado que derrocó al emperador Faustino Soulouque. Le sustituyó el general Fabré Geffrard, de orientación liberal y quien restableció el sistema republicano. A diferencia de Soulouque, sempiterno enemigo del pueblo dominicano y quien para el año en que fue depuesto preparaba una nueva invasión militar a la parte del Este, Geffrard, de orientación liberal y progresista, fue partidario de un cese temporal de las hostilidades propiciando, con la mediación de Francia e Inglaterra, un armisticio por cinco años entre Haití y República Dominicana.
Se recordará que la guerra dominico-haitiana duró casi 17 años: los primero doce dentro de lo que se conoce como "guerra caliente" y los cinco restantes en una suerte de "guerra fría", caracterizada por constantes conflictos a lo largo de la línea fronteriza. En 1856 se produjo un acuerdo de paz por dos años, que fue ignorado por las autoridades haitianas, debido al hecho de que un grupo de ciudadanos haitianos, al igual que algunos dominicanos, asolaban la zona fronteriza, tanto del norte como del sur, despojando a los campesinos de sus propiedades (ganado, madera y otros productos agrícolas) para comercializarlos en el lado haitiano con la complicidad de autoridades fronterizas.
La administración de Geffrard estuvo conformada por grupos políticos varios (boyeristas, rivieristas, remanentes del soulouquismo y los propios seguidores del nuevo presidente), de manera que, entre esos sectores no siempre prevaleció consenso respecto de asuntos cruciales en las relaciones dominico-haitianas, como el armisticio concertado en 1859 y la cuestión de lo que ellos llamaban "la unidad nacional". Así, la idea de que la parte del Este debía permanecer sometida al dominio haitiano y el tema de los territorios dominicanos ocupados desde los tiempos de Toussaint, Dessalines y Boyer, no desaparecieron del todo en la mente de algunos ideólogos e intelectuales haitianos.
Refiere el historiador nacional José Gabriel García que cuando Sánchez llegó a Puerto Príncipe a fin de gestionar apoyo del gobierno haitiano para su expedición armada, por recomendación del presidente Geffrard se reunió con el ministro V. Plaisance, quién quiso saber qué se le ofrecía al Gobierno haitiano a cambio del apoyo solicitado para la Revolución de la Regeneración Dominicana. Se ha dicho que Sánchez supuestamente se comprometió a garantizarles la posesión de los pueblos que, desde hacía varias décadas, estaban en posesión de los haitianos de manera ilegal. Esos pueblos eran Hincha, Las Caobas, San Rafael y San Miguel.
Ante esa afirmación, agrega la crónica, el ministro Plaisance respondió que esos pueblos ya les pertenecían y que otros gobiernos también los habían prometido. Lo tratado entre el funcionario haitiano y Sánchez es revelador de que, cuando el gobierno haitiano decidió apoyar la expedición dominicana contra la Anexión, no obró por solidaridad, sino que lo hizo motivado por razones de seguridad nacional, además de que pretendía, según Emilio Rodríguez Demorizi, obtener oficialmente "ventajas políticas y geográficas" (Ver, Acerca de Francisco R. Sánchez, 1976).
Se impone examinar el tema precedente, toda vez que, si Sánchez decidió enfrentar la anexión a España, porque consideró que su país había sido vendido y tal circunstancia era suficiente para él sublevarse contra ese proyecto antinacional, resulta extraño admitir que se comprometiera a negociar parte del territorio nacional. Tal proceder, a todas luces, reñía con la doctrina nacionalista que el patricio enarboló durante su trayectoria pública.

Juan Daniel Balcácer