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De metas y acciones

El ambicioso plan de Abinader para duplicar la economía dominicana en doce años

A días de renovar su mandato presidencial en el veinte veinticuatro, Luis Abinader creó una comisión con el mandato de identificar las reformas necesarias para duplicar el tamaño del PIB real dominicano al año veinte treinta y seis. En los siguientes meses, dentro de lo que se denominó "Meta RD 2036", se priorizaron sectores, se identificaron acciones y se crearon comités de donde salieron propuestas de corto, mediano y largo plazo que luego se socializaron con el tejido social y empresarial del país. 

Medidas correctas, pues la planificación y el diseño de estrategias son elementos indispensables para alcanzar las metas trazadas.

En estos días, el marco de su participación en la Cumbre Mundial de Gobiernos en Dubái, el presidente afirmó que la República Dominicana avanza con la hoja de ruta de duplicar el tamaño de su economía hacia el año treinta y seis. Y aquí entramos en terreno cenagoso.

Porque si bien la economía dominicana continúa mostrando solidez y resiliencia, es sumamente atractiva para inversionistas nacionales y extranjeros, y la estabilidad social y política de la que disfrutamos nos convierte en una faro regional; no es menos cierto que llevamos décadas aplazando reformas estructurales sin las cuales luce quimérico retomar lo que se entiende como el crecimiento natural de la economía dominicana, en torno al cinco por ciento del Producto Interno Bruto. Mucho menos pensar en un promedio de siete por ciento durante los próximos diez años, lo que la economía debería crecer para duplicar el PIB de aquí al treinta y seis. 

En consecuciones, además de metas y planificaciones, el presidente Abinader debe actuar y sentar las bases para alcanzar ese objetivo. Lo que supone aplicar políticas públicas de amplio calado y largo alcance.

De entrada es indispensable impulsar un pacto que conduzca a una reforma fiscal integral. Resulta insostenible continuar sufragando el gasto público con financiamiento, y para alcanzar el desarrollo e insuflar el crecimiento el gobierno no puede invertir en obras e infraestructuras menos del cuatro por ciento del Producto, una partida que en los últimos años apenas alcanza el dos por ciento.

Del mismo modo una reestructuración profunda del sector eléctrico no puede esperar más. Las empresas distribuidoras operan con déficits que rebasan el cuarenta por ciento y pérdidas anuales superiores a los mil quinientos millones de dólares. Una obscenidad.

Y deben aplicarse políticas que propicien mejoras sustanciales en la educación pública preuniversitaria y en la formación técnico-profesional, así como mecanismos que eficienticen y transparente la gestión pública y reduzcan la burocracia.

Abinader se encuentra en condiciones de acometer estas reformas, posee el liderazgo y la autoridad para aprobar las leyes e impulsar decisiones y acciones. Pero además no necesita popularidad para buscar votos, y por tanto puede gobernar para la historia, pensando en su legado, y no en elecciones ni retornos al poder.

Pero el tiempo se agota, debe pasar a la acción y utilizar su popularidad y capital político para que el cambio prometido no sea cosmético, y producir transformaciones reales y duraderas que coloquen a la República Dominicana rumbo a un pleno desarrollo.  

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