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Gracias Benito

El escenario: 130 millones de espectadores y una oportunidad histórica

Aunque disfruto algunas cosas, en términos generales ni me gusta ni entiendo buena parte de lo que balbucea Bad Bunny cuando interpreta algunas de sus canciones. Pero la verdad es que ese joven protagonizó un espectáculo memorable durante el medio tiempo del pasado Súper Bowl. Porque lo que sucedió en Santa Clara California el pasado domingo transciende ritmos o líricas, Benito Antonio Martínez Ocasio ofreció un homenaje a las tradiciones puertorriqueñas y con ello una reafirmación de la cultura latinoamericana.

Lo hizo aprovechando el espacio de mayor visibilidad mediática posible, cantando en español y mostrando algunas de las más representativas estampas latinas y caribeñas a casi 130 millones de televidentes en Estados Unidos y otros tantos en el resto del mundo. La caña de azúcar, la casita de campo, el dominó, el barrio, la comunidad latina, la bodega, y hasta la celebración que se prolonga entre bailes y tragos y obliga a recostar los niños a lo largo de sillas plásticas. 

El Conejo también fue valiente, porque además de no renunciar a su idioma, organizó un desfile de banderas y con un listado de países ofreció una lección de geografía de primaria a tanto estadounidense que piensa que América son los cincuenta estados de su unión, en lugar de un vasto y diverso continente que se extiende desde el Ártico hasta la Patagonia. 

Lamentablemente esa memorable actuación quedó marcada por polémicas y discusiones que son un reflejo de los problemas que subyacen en esa sociedad y que provocan divisiones que a veces parecen insalvables entre ambos lados del espectro político. 

Desde que se anunció quien protagonizaría ese espectáculo, el presidente Trump mostró su irritación. Y su secta no espero para atacarlo e intentar boicotearlo montando un deprimente show paralelo que sólo vieron a través de algunas plataforma digitales unos pocos fanáticos y odiadores profesionales. Y no bien terminó la actuación, el más rancio conservadurismo con pestilencia racista estalló en indignación por lo que consideraron un irrespeto a la cultura y tradiciones estadounidenses. Entre otras cosas porque no se cantó en inglés, aunque en la fiesta organizada para ver el partido comieran tortillas con salsa y guacamole.  

En contraposición, y como una forma de llevar la contraria a todo lo que representa Trump, la progresía liberal salió en defensa del artista, aunque no lo conocieran y muchos menos disfrutaran o entendieran nada de lo que "canta" el boricua. 

Pero Apple Music y la NFL no eligieron a Bad Bunny para oponerse a unas políticas o favorecer otras, sino porque trata de un fenómeno global cuyas canciones fueron las más reproducidas en cualquier idioma y en todas las plataformas en el último año.  

Al final lo importante es que ese joven se mantuvo apegado a su integridad, y pesar de los riesgos y las presiones utilizó esa enorme plataforma para homenajear una raza que hoy se encuentra estigmatizada. Y en un espectáculo emotivo, desplegó orgullo latino en el espacio televisivo insignia de esa américa blanca y rubia que con frecuencia nos mira con desdén.

Les instaló la cultura de lo que consideran su patio trasero en el medio de la sala y en frente de sus televisiones... Y por eso, gracias Benito.

 

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