Ormuz: Arancel sin arancel
El obstáculo al comercio por el estrecho de Ormuz resulta en un costo para las economías asiáticas y una ventaja para sus competidores

Por el estrecho de Ormuz, localizado entre Irán y Omán, transitan unos 20 millones de barriles de petróleo diarios, aproximadamente un cuarto de la demanda mundial. Exportan por esta ruta los Emiratos Árabes, Kuwait, Arabia Saudí, Catar, Iraq, Irán y Bahréin en ese orden, siendo Irán de los menores. 80 % de lo exportado va a Asia, principalmente China, India y Japón. Solo 4 % se destina a Europa.
Según la Agencia Internacional de Energía, todas las exportaciones de gas natural de Catar y los Emiratos transitan el estrecho y no tienen vías alternativas para el mercado asiático.
¿Que pudiera implicar un cierre del estrecho de Ormuz para el mercado?
El impacto directo recaería principalmente sobre los importadores en Asia quienes deberán traspasar su demanda al mercado restante, elevando el precio. Así, se elevarían los costes de producción para países altamente importadores de crudo en Asia, lo que equivaldría a un ´arancel sin arancel´ ante competidores que son también productores de petróleo. Este es el caso de Estados Unidos, Canadá, Brasil, Europa y Australia quienes se beneficiarían por partida doble, vendiendo petróleo a mayor precio y tornándose más competitivos sus productos.
¿Y República Dominicana?
Desde 2015 el país compra crudo a Estados Unidos, Bélgica, Holanda, España y Reino Unido, y mínimamente de Irak, luego del cierre del acuerdo PetroCaribe con Venezuela, que culminó con la condonación de USD2,000 millones por pago adelantado.
En ese sentido, sus fuentes permanecerían disponibles, pero como importador sufriría un choque de oferta que se traspasaría a precios, aunque la evidencia pasada sobre la relación del precio del petróleo con la inflación es menor a la esperada.
La buena noticia es que el alza del precio del petróleo pudiera ser de corta duración por varias razones.
Primero, a mayores precios se vuelven viables explotaciones ahora inactivas que entrarían en producción. Este aumento de oferta contribuiría a que el precio redescendiera. Es importante observar que como la producción provendría principalmente de los países beneficiarios mencionados arriba - ya que tanto Venezuela y Arabia Saudita, que posee las mayores reservas, pero cuya refinería, ARAMCO, ha sido afectada - se demorarían en volver a alcanzar su potencial de producción. Esto implica que se produciría una redistribución geográfica de la oferta petrolera con sus consecuentes implicaciones políticas.
Segundo, a esto podría sumarse la expectativa de un conflicto de relativa corta duración que permita reanudar las exportaciones del golfo pérsico en un futuro próximo, lo que plantea un elemento de temporalidad sobre el escenario primero.
Sin embargo, el historial de los precios del petróleo muestra un alza sostenida, o resistencia a la baja, a pesar de sus variabilidades. Esto pudiera implicar que el precio por los próximos años se mantenga sobre lo previsto, al menos hasta que se consoliden las renovadas fuentes de producción.
Por último, un mayor precio del crudo pudiera deprimir la demanda asiática de petróleo y ralentizar sus economías. Esto pudiera tener mayor impacto que lo implicado por el simple aumento de precios ya que China era el gran comprador en el mercado sombra donde los países productores sancionados como Rusia, Irán y Venezuela vendían a un precio muy reducido.
En resumen, el conflicto geopolítico relativo a capacidades bélicas nucleares y otras resulta en una recomposición geográfica de la producción, al menos transitoria, y de las ventajas comerciales internacionales. En este nuevo escenario la reducción de la oferta petrolera que suple a Asia funge como un arancel, sin serlo.
La R.D. puede beneficiarse de esto también. Además, debe desarrollar nuevas estrategias de compra de petróleo al mejor precio posible para minimizar los efectos financieros e inflacionarios.
Ellen Pérez Ducy