Un penoso comunicado
De Trujillo a la actualidad, la herencia de la zalamería diplomática
Cuenta una anécdota apócrifa que enterado de la declaración de guerra de Trujillo a los países del Eje en diciembre de 1941, Adolfo Hitler se acercó a un mapamundi, pidió que le mostraran dónde quedamos, mojó su dedo índice derecho en tinta y lo colocó sobre la insignificancia de la isla. «Problema resuelto», habría dicho.
Chiste aparte, la petulancia trujillista nada tuvo que ver con la improbable condena al nazismo con el que, también se dice, el dictador simpatizaba íntimamente. Dios los cría y el diablo los junta: cada uno en su contexto, Trujillo y Hitler tenían en común su odio por las libertades y la democracia, esa construcción sociopolítica de la modernidad europea que provoca urticaria a todos los autoritarios, manifiestos o latentes.
¿Por qué Trujillo guerreó contra el Eje —alucinación donde las haya— y se «identificó» con los Aliados durante la II Guerra Mundial? Por pura estratagema: hacerse simpático a los ojos de Estados Unidos, artífices y sostén de su poder.
Ochenta y cinco años después, la República Dominicana vuelve a cometer un acto de zalamería política que rivaliza en ridiculez con aquella mascarada. Sin que se le moviera un pelo, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitió un comunicado sobre la guerra en el Medio Oriente (temida como preludio de algo peor) en el cual, sin mencionar a Estados Unidos ni a Israel, se permite repudiar «enérgicamente los ataques injustificados y sin provocación llevados a cabo por Irán contra los Estados del Golfo», a los que califica de «aliados afectados por la violencia».
¿«Injustificados y sin provocación»? Para entender la reacción de Irán, citemos el dato: en el Medio Oriente existen alrededor de 19 bases militares estadounidenses, principalmente en la región del Golfo. En el territorio de nuestros «aliados» (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Jordania, Bahréin y Kuwait), Estados Unidos —que el Mirex no osa nombrar—, tiene entre 40,000 y 50,000 efectivos. En represalia por la operación Furia épica, Irán ha bombardeado en esos países objetivos militares y estratégicos.
El su obsecuente comunicado, la Cancillería también coquetea con una de las muchas falacias de Donald Trump para «justificar» su ataque y encubrir su delirio guerrerista: la «necesidad» de conjurar el inminente peligro nuclear representado por Teherán; inminencia contradicha por expertos, entre ellos el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) Rafael Grossi. Y por funcionarios del Pentágono, que en una sesión a puerta cerrada en el Congreso admitieron la inexistencia de indicios de que Irán se preparaba para atacar a Estados Unidos.
Intentaré curarme en salud: el gobierno teocrático de los ayatolás, hasta el pasado sábado encabezado por Ali Jamenei, asesinado por el fuego estadounidense-israelí, me parece ominoso. Pero, como ciudadana, reclamo de mi país la decencia mínima de no usar subterfugios frente a un hecho cuyas consecuencias sobre el futuro mundial —tanto en pérdidas de vidas como en daño socioeconómico— apenas comienzan a perfilarse.
Lo sabemos. En ese benchmarking del conocimiento que es el informe Pisa, la República Dominicana suspende en todas las materias asociadas al desarrollo cognitivo. Pese a ese déficit de la inteligencia nacional, una se aferra a la recóndita esperanza de que nuestras élites dirigentes puedan, por lo menos, acercarse a lo básico de la geopolítica, y a que actúen de manera que no nos avergüence.
Clotilde Parra
Clotilde Parra